La tiranía de la mayoría

Una de las críticas más certeras sobre la democracia como régimen político la realizó Norberto Bobbio, politólogo italiano que la definió como “la tiranía de la mayoría”, retomando los diálogos de Platón sobre el “revanchismo de las mayorías en democracia”, condición que presenta implicaciones cuestionables que Robert Dahl generó en el análisis de la democracia como estructura política poliárquica.

La tesis de Bobbio sobre que la democracia es la tiranía de la mayoría partía de una obviedad: la democracia era percibida como una dimensión estrictamente electoral, argumento cuestionable porque el Estado y la conformación del ejercicio de gobierno no pueden ser percibidos como una condición que exclusivamente se presenta por el peso de una mayoría electoral. Y es que esto no explicaría la fuerza que presentan diferentes lobbies de presión al Estado y su clase elegida como mayoría, como lo implican grupos ambientalistas, pueblos originarios y organizaciones de la sociedad civil.

Robert Dahl esgrimió un mejor argumento de aproximación empírica: se trataba de la explicación que caracteriza a la democracia como “poliarquía”, la cual denota diversas aristas del poder social frente al Estado y no reduce el peso de la mayoría a una ínsula de poder inamovible, cuestión que es ampliamente verificable en nuestros días.

Reducir a la democracia a su dimensión electoral sigue siendo un error científico que podemos apreciar más allá de su instrumentación; en los hechos la mayoría de los ciudadanos suelen pensar que son demócratas cuando van a votar, pero eso implicaría, en el caso de la ingeniería electoral en México, que prácticamente la ciudadanía solo es demócrata cada tres o seis años, ¿y el resto del tiempo no lo es?

La democracia es un régimen político donde el ciudadano tiene muchas opciones para participar en el ejercicio de gobierno y las instituciones del Estado, pero debe trascender a la alfabetización y pedagogía política, de lo contrario su fortaleza se reduce y queda al margen de las acciones sustantivas del gobierno.

El fin último de la política en el rol de la ciudadanía en una democracia es la toma del poder guiada por la conciencia social, cuyo rol histórico aparece investido por intereses tan intrincados que vuelven camaleónico al ejercicio de gobierno y a las fuerzas que contienden en una democracia.

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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