La utopía del “bien común”

¿Qué es el “bien común”? ¿No es acaso una utopía en la que nos han hecho creer para solapar los abusos de quienes ostentan el poder?

No existe forma de gobierno en el planeta, ni clase política, que no haya hablado del “bien común”, término más abstracto que tratar de concebir a Dios.

Cuando un gobernante, o la clase política, habla del “bien común”, legitima que sus acciones, dolorosas, temerarias o halagüeñas, se realizan en pro de la ciudadanía, por lo que si se va a la guerra es por el bien común, si recorta el presupuesto público es por el bien común, si existe pobreza y riqueza es por el bien común.

En este escenario, la política y los políticos se erigen como los eternos utopistas del bien común; mientras que la realidad que vive la mayor parte de los seres humanos en el planeta no es otra que la distopía de la vida cotidiana y, por ende, un cruel día a día que hace difícil despertar para ganarse la vida o, simplemente, sobrevivir en un mundo incierto que deviene de la administración del Estado y su clase política.

Si admitiéramos el bien común en términos de concreción de la realidad, significaría contar con un sistema de salud gratuito, digno y con medicamentos para todos; educación de calidad a todo nivel, gratuita y para todos; empleo con salario digno, seguro y para todos; pensiones para garantizar una jubilación digna que asegure los años finales de la vida de los seres humanos; seguridad digna que garantice la armonía y paz social para todos; leyes de equidad social para todos.

Sin embargo, la realidad que vivimos está lejos de la concreción del “bien común”; en los hechos, no hemos conocido en el mundo que el bien común se haya traducido en el desarrollo humano, por el contrario, lo que conocemos es el “malestar común”, de sociedades desiguales que han caído en la desgracia y la opresión de las élites políticas y económicas que son juez y parte del orden sistémico.

Si alguien cree en el “bien común”, o es ingenuo o pendejo y vive en la ignorancia brutal, porque la evidencia es que la realidad social internacional es desigual, miserable y cruenta; no hay que ser culto, científico social o pitonisa, para percatarnos que la realidad de la vida cotidiana es poco menos que una mierda.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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