Las mujeres ganaron la gran final: ¡Ya es ley!

Cual si fuera la final de un torneo de futbol, legisladores y activistas vivieron todo tipo de emociones en la discusión para la despenalización del aborto; al final, el marcador se inclinó por el derecho a las mujeres para decidir sobre su cuerpo.

Fue el pasado 19 de mayo cuando se jugó el último partido de futbol dentro del estadio Hidalgo, cuando los Tuzos se midieron al actual campeón, el Cruz Azul, concluyendo con un marcador de cero a cero. Mes y medio después, en la ciudad de Pachuca se volvieron a ondear banderines, pero no blanquiazules: la capital hidalguense se vistió, por segunda vez, de verde. 

Este miércoles el Congreso local se convirtió, como cada vez que se discuten leyes trascendentales, en una especie de campo de juego, y hubo una evidente división de bandos: el de Morena, que dejó de lado el color guinda para vestirse de verde, y la oposición representada por el PRI, el PAN y el Partido Encuentro Social, que a pesar de los matices de sus ideologías, decidieron salir a jugar con la casaca celeste… y no en honor al campeón mexicano sino al movimiento “provida”.

Y como pequeño detalle, no fueron tres puntos los que estuvieron en juego para alcanzar la clasificación a la Fiesta Grande, sino algo mayor: que después de tantos años de lucha, las mujeres finalmente puedan decidir sobre lo que ocurre dentro de sus cuerpos, ahora con el aval de las leyes locales, traducido en la despenalización del aborto antes de las 12 semanas de gestación, que es, definitivamente, el trofeo más deseado. 

Como siempre sucede antes de los partidos decisivos, ambos bandos (tanto diputados como ciudadanos) sostuvieron reñidas confrontaciones sobre quién es el mejor equipo y quién logrará la victoria. Tan solo el pasado martes, aficionados celestes, es decir, provida, irrumpieron la concentración guinda-verde cuando  discutían su mejor estrategia de juego a presentar en la sala de plenos. 

Las integrantes de la Marea Verde, en apoyo a las y los jugadores de su bando, pasaron la noche a las afueras del Congreso local, con la intención de estar en primera fila al día siguiente para presenciar el partido del siglo… o de la Legislatura.  En sus mentes aún quedaba aquel tropezón, al igual que el “no era penal” en el Mundial de 2014, la victoria celeste en diciembre de 2019, o el “no fue ley”

Y con todo ese nerviosismo a flor de piel, la mañana llegó al recinto legislativo con las condiciones propicias para una sesión reñida: cielo nublado, una temperatura cercana a los 15 grados, 45 por ciento de humedad, 50 por ciento de probabilidad de lluvia en el campo de juego y vientos con velocidades menores a 20 kilómetros por hora. No precisamente el ambiente perfecto para un juego. 

Con la misma parafernalia dentro de los estadios, la hinchada verde colocó en la barda perimetral del Congreso banderines y pancartas en apoyo a su causa. La tribuna improvisada se tiñó de verde, ante la extrañeza de que nadie del bando azul celeste acudió a hacer lo mismo, quizás por el temor de protagonizar alguna bronca de la magnitud del Clásico Nacional. 

Al mismo sitio acudió un grupo minúsculo de taxistas, que no es que estuvieran a favor de un equipo o del otro, ni siquiera estaban interesados en el partido del día; su presencia obedecía a la intención de acercarse a los diputados y solicitar audiencia. Pero eso es asunto aparte. 

Al interior del Congreso, se daban a conocer las alineaciones con las que se jugaría el encuentro. Afuera, las aficionadas, con laptop y un proyector a su alcance, comenzaban a sintonizar la transmisión de la sesión para estar al pendiente de cómo se desarrollaban las acciones, y claro, descalificar las jugadas sucias que se pudieran suscitar. 

El reloj pasó de las 10:15 y se dio el silbatazo inicial. ¡Que comiencen las acciones!

En la sala de plenos, las primeras jugadas las llevó a cabo Roxana Montealegre cuando explicó, grosso modo, en lo que consistía la reforma al Código Penal y a la Ley de Salud. La Marea Verde, sobre la banqueta y con el frío a cuestas, pero con toda la actitud, observaba cada movimiento de la diputada. 

Cuando la legisladora terminó su intervención, se dio oportunidad para que los jugadores del otro bando mostraran su estrategia. La primera en entrar al quite fue Jajaira Aceves, quien se presentó agresiva al decir: “No daré mi posicionamiento hasta que abran las puertas del Congreso a las manifestantes”. ¡Uff! ¡Qué jugada fue esa!

Y empezó a despotricar en contra de los legisladores de Morena: por presuntos incumplimientos a la Ley Orgánica del Congreso local, lo cual, claro, dejó en evidencia que está a favor de la defensa de la vida desde la concepción. Claro que al respetable no le pareció esto y se lo echó en cara… con el detalle de que en este juego no hay un árbitro para reclamar la falta. 

Entonces sucedió la embestida por parte de los “celestes” José Luis Espinosa Silva y María Teodora Islas Espinoza, quienes recurrieron a los acuerdos de la Organización de Estados Americanos (OEA) y otras normativas para desacreditar que la iniciativa es violatoria al derecho a la salud. Afuera, las de la Marea gritaban al unísono: “¡Mentira!”, por cada uno de los motivos esgrimidos. 

Pasó Claudia Lilia Luna y parecía que las voces en contra se seguían imponiendo a la bancada morenista, acusándolos de hacer jugadas sucias, con falta de ética, buscando, según ellos, un beneficio electorero rumbo a las elecciones de 2022. Pero a pesar de ello, el marcador seguía estando en un empate a ceros. 

Las de la Marea Verde se dedicaban a observar atentamente, pero también abucheaban, agitaban los brazos, o guardaban silencio ante las acusaciones entre los mismos legisladores. Aunque el juego se volvía cada vez más álgido por la cantidad de argumentos, ellas se mantenían a veces impasibles desde sus lugares. Pero la jugada más grande estaba por llegar. 

La intervención de Mayka Ortega fue un tanto neutral: ni de un lado ni de otro. Pero hizo hincapié en que la iniciativa para la interrupción legal del embarazo (ILE) se integró con irregularidades. Y de pronto, la internet hizo su parte: la cobertura no fue suficiente para seguir mostrando la transmisión y tardaron un poco para restablecer la comunicación.

Se perdieron las aficionadas la propuesta de la priista de desechar el dictamen para aprobar la ILE, no por motivos ideológicos ni por estar a favor de los celestes, sino por la forma en que los legisladores de Morena hicieron tal dictamen, es decir, por fallas en el proceso legislativo. ¡Vaya aproximación de gol!

Y de pronto, quizá la jugadora más importante del encuentro, Roxana Montealegre, defendió a capa y espada la iniciativa; se echó a la espalda todo el peso del equipo, esquivó las jugadas peligrosas de Claudia Luna, y de manera enérgica sentenció que se buscará sacar adelante el tema la ILE, cueste lo cueste. 

En plena emoción por la jugada de Montealegre volvió a fallar internet, provocando la protesta por parte de la Marea Verde, pero lo arreglaron para escuchar a tiempo a la legisladora firmar su declaración con un: “¡Será ley!”. Zurdazo potente que golpeó la línea de meta celeste, y aunque fue casi como un tiro a gol, la hinchada lo celebró como si hubiera anotado. 

Sin embargo, la defensa guinda-verde comenzó a sufrir los estragos del ataque de la oposición a través de Adela Pérez Espinosa. Y del lado de la tribuna verde se comenzaban a mostrar ciertos rostros de preocupación por la discusión dentro del Congreso. Temían que los fantasmas de 2019 volvieran a aparecerse en pleno 2021. 

Ya no hubo tiempo para más. Este partido exigía tener un vencedor y un vencido, y fue cuando las y los legisladores se jugaron la instancia definitiva: la votación nominal. Entonces comenzó un revoltijo de voces, un enfrentamiento verbal en el que los morenistas buscaban sacar adelante la sesión y la oposición, con Asael Hernández como capitán, insistía en no permitir que el encuentro llegara a su fin. 

Las mujeres reunidas en aquella tribuna improvisada se pusieron de pie, expectantes, mientras observaban la yuxtaposición entre la voz de Ricardo Baptista, que exigía ya una votación, y la de Asael tachándolo de corrupto. Como si fuera ya la tanda de penales, los legisladores se abrazaban entre sí, esperando el momento en que el marcador finalmente se abriera, mientras que en la sala de plenos las voces se levantaban más y más. 

Los últimos minutos fueron emocionantes dentro de lo posible: Asael no dejaba de lanzar diatribas en contra de Morena, la oposición gritaba al unísono: “¡Ilegal, ilegal!”, en referencia al proceso, y dentro de esta marejada de voces sin sentido, Ricardo Baptista se impuso para dar el marcador final: 16 votos a favor, y el resto de los legisladores no votaron. Silbatazo final. 

La afición verde explotó de júbilo al ver que, tras varios años de lucha, manifestaciones, expresiones iconoclastas y burlas en las redes sociales, finalmente las mujeres lograron una conquista más en su lucha: el derecho a decidir sobre su cuerpo. Y saltaron, se abrazaron, se felicitaron, lloraron, relucieron sus banderas y sus pañuelos. Al fin y al cabo la victoria fue de ellas. 

Y de la misma manera en que la afición de un equipo de futbol celebra un campeonato, la Marea Verde decidió aplicar la misma estrategia: irse al Reloj Monumental a festejar. Qué importa si se van en Tuzobús, si se van caminando o en un automóvil, lo importante es dar a conocer que Hidalgo se acaba de pintar de verde, y claro, que ya es ley. 

El siguiente encuentro dentro del Congreso local sería entre la selección legislativa y los taxistas hidalguenses, pero esa ya es otra historia. 


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