Los pleitos de la propaganda

Ninguno de los argumentos de las senadoras Viggiano y Olvera es completamente falso, pero repetirlos como propaganda partidista tampoco los convierte en un debate serio. Son frases diseñadas para polarizar, para que cada bando aplauda a la suya, pero no para que la ciudadanía salga de la discusión entendiendo mejor la realidad.

Carolina Viggiano y Simey Olvera volvieron a discutir en el Senado, porque decir que debatieron quizá sea conceder demasiado. El tema de origen era serio: el huachicol fiscal y las responsabilidades políticas alrededor de un problema que ha costado dinero, vidas y credibilidad institucional. Sin embargo, como suele ocurrir, la conversación terminó convertida en acusaciones sobre hechos del pasado y frases políticas prefabricadas para alimentar las redes de cada partido, pero bastante menos productivas para entender realmente qué está ocurriendo y qué debería hacerse.

De un lado aparece el guion conocido de Morena: décadas de corrupción priista, personajes del viejo régimen y una transformación que llegó al rescate. Del otro, la respuesta también habitual del PRI: Morena ya gobierna, no puede seguir culpando al pasado y debería responder por los problemas actuales. Ninguno de esos argumentos es completamente falso, pero repetirlos como propaganda partidista tampoco los convierte en un debate serio. Son frases diseñadas para polarizar, para que cada bando aplauda a la suya, pero no para que la ciudadanía salga de la discusión entendiendo mejor la realidad.

Ese es el verdadero problema de estos encontronazos. No que dos senadoras discutan con firmeza, porque para eso están en un parlamento, sino que después de escucharlas quede la sensación de haber presenciado otro capítulo de una pelea que podría repetirse cambiando únicamente el tema de la semana. Hoy fue el huachicol, mañana podría ser la seguridad, la corrupción, o las elecciones, pero el libreto seguirá siendo el mismo: ustedes arruinaron el país o ustedes no saben gobernarlo. Mucho ruido, mucha indignación y muy poco espacio para los datos, las propuestas serias o la responsabilidad propia.

Además, ambas representan a Hidalgo y cuentan con capacidad y experiencia suficiente para ofrecer algo mejor que una confrontación llena de consignas. Viggiano conoce el poder, el Congreso y las entrañas del priismo; y Olvera forma parte del partido gobernante y debería tener elementos para explicar qué se está haciendo desde el gobierno que defiende. Precisamente por eso el estándar de exigencia pública tendría que ser más alto. A una no le debería bastar con enumerar los fracasos de la 4T y a la otra con desempolvar los pecados del PRI, porque la ciudadanía ya conoce buena parte de esas historias y lo que necesita saber es quién tiene una idea distinta para resolver los problemas de hoy.

Tal vez algún día comprendamos que un buen debate público se mide por la calidad de los argumentos y por la capacidad de proponer soluciones. Mientras eso no ocurra, nuestra flamante clase política podrá seguir acumulando rounds, aplausos y reels para redes, pero quien continuará perdiendo seguirá siendo la ciudadanía, teniendo representantes que no son capaces de discutir los problemas sin convertir cada debate en un round de propaganda polarizante.