Nadie gana con lo que pasó en Mineral de la Reforma

El cabildo puede seguir repartiendo culpas, sacando comunicados y jugando a ver quién queda mejor en redes, pero la ciudadanía no eligió protagonistas de una telenovela municipal, eligió autoridades que deberían ser más profesionales.

Ya no es sólo un pleito de cabildo, ni un desencuentro entre un alcalde, un regidor y una regidora de oposición o vecinos molestos. Lo ocurrido en Mineral de la Reforma respecto de la disputa por la organización de la feria de la colonia 11 de Julio, terminó exhibiendo algo muy penoso: una clase política municipal que parece incapaz de procesar sus diferencias sin convertirlas en un zafarrancho lamentable, seguido de un riesgoso posicionamiento partidista; en fin, el espectáculo público. ¿Saben quién pierde en todo esto?, ¡la ciudadanía!, aunque todos quieran salir a decir que defienden al pueblo.

 

Claro que los detalles jurídicos importan. Si hay denuncias por amenazas, órdenes de restricción o conflictos entre particulares, las autoridades no pueden hacer como que no pasa nada. También importa que existan reglas claras para la elección de autoridades auxiliares y para la organización de actividades como una feria, pero una cosa es atender un problema legal o vecinal, y otra muy distinta es permitir que el cabildo se vuelva arena de empujones, gritos, acusaciones y de un cálculo político muy barato. Para eso no los eligieron.

 

Aquí nadie queda bien parado. El alcalde Medécigo tendría que mostrar más oficio para conducir crisis dentro de su propio gobierno; la regidora Marlene Puertas parece empeñada en convertir cada choque en una plataforma política; y el regidor Víctor Juárez tampoco sale ileso cuando el conflicto termina alimentando más ruido que soluciones. Cada quien podrá defender su versión, pero visto desde afuera el cuadro es bastante pobre: autoridades electas incapaces de sentarse a discutir y resolver un problema, sin llevarlo al límite.

 

El problema es que Mineral de la Reforma no es un municipio donde estas cosas puedan pasar desapercibidas. Es uno de los municipios más importantes, poblados y políticamente visibles de Hidalgo, que además tiene problemas reales de crecimiento urbano, seguridad, servicios, agua y convivencia vecinal y con ese tamaño de pendientes, resulta francamente absurdo que su cabildo parezca más ocupado en ganar el episodio del día que en construir acuerdos mínimos de gobierno.

 

Y sí, cada actor intentará vender su narrativa. Unos dirán que defendieron la legalidad, otros que protegieron a la ciudadanía, otros que denunciaron abusos y otros que sólo acompañaron a vecinos, lo de siempre con la clase política. Pero la gente ya aprendió a distinguir si un conflicto se atiende y si sólo se utiliza y se da cuenta cuando un problema se convierte en escalón personal y bandera partidista.

 

Si así van a procesar una disputa por una feria, qué podemos esperar cuando vengan temas mucho más complejos. El cabildo puede seguir repartiendo culpas, sacando comunicados y jugando a ver quién queda mejor en redes, pero la ciudadanía no eligió protagonistas de una telenovela municipal, eligió autoridades que deberían ser más profesionales.