No se puede cultivar la violencia política

El escenario político de Hidalgo experimenta un doble discurso, pues mientras por un lado dice privilegiar la democracia, por el otro fomenta la violencia contra el candidato puntero.

Maximizar la violencia política como instrumento de impugnación de la validez de un proyecto político es la vía estéril que, como reacción de debilidad, pretende menoscabar la legitimidad de la edificación de los principios democráticos en los que se funda el consenso y el disenso social para avalar un proyecto de gobierno.

 

Este es el escenario de violencia política que se ha cultivado en el primer mes de la sucesión gubernamental 2022. Destaca la descalificación a la que ha sido sometido el proyecto político de Julio Menchaca Salazar, cuestión que merece un análisis de fondo para entender no solo su origen, sino también el desencuentro que presupone en un escenario de doble discurso, que por una parte habla de democracia y por otra, se muestra violento.

 

La verdad verdadera, parafraseando al filósofo del MIT Noam Chomsky, estriba en que el perfil público de Julio Menchaca Salazar, que ha ocupado diversos cargos en la palestra política, no permite situar su trayectoria en la violencia, descalificación y mucho menos en el escándalo político de la corrupción que constantemente ha permeado en el escenario público.

 

Por el contrario, la presencia del candidato de la alianza “Juntos hacemos historia” aparece en el imaginario colectivo de los ciudadanos de Hidalgo como un servidor público profesional, ético y honesto, virtudes que han incidido para que los ataques en su contra se hayan multiplicado de manera exponencial en la medida que encabeza las preferencias electorales.

 

La reacción ciudadana no se ha hecho esperar, inclusive la percepción de los medios de comunicación, que han destacado esta especie de “cultivo de la violencia política” en un contexto nacional e internacional donde lo que menos se admite es la violencia como instrumento de impugnación política, cuestión que, en vez de afectar el capital político de Julio Menchaca Salazar, lo ha incrementado. Como admitió Nietzsche: “Lo que no puede destruirte, te fortalece”.

 

Hidalgo y su ciudadanía son tierra fértil, pero no para cultivar la violencia política, sino el progreso de la transformación social que les devuelva a las y los ciudadanos la dignidad a la que tienen derecho.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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