Otoño

Después de mucho, aprendí que todo en esta tierra debe seguir su curso, y no es la vida eterna, porque eso no existe.

Es otoño y esta vez no retoñó el árbol que planté hace dos años, en uno de varios intentos por reconciliarme con la tierra y sentir que pertenezco a ella y que no hay por qué estar en guerra. 

Digo que no retoñó para no decir que murió, aunque sí, pero esta vez no siento que yo lo asesiné, en esa mala costumbre que tengo de adjudicarme la responsabilidad de todo lo malo que sucede a mi alrededor.

Después de mucho tiempo y dolor por pensar que sí, que todo era mi culpa, mi gran culpa, ya puedo entender que a veces un árbol pega y crece, pero a veces no, y no porque yo haya dejado de regarlo, no porque yo no haya platicado con él por las mañanas o por las tardes, no porque yo, yo, yo.

Y es que nada tengo que ver yo con el hecho de que algo no funcione si hago lo que me corresponde; porque no de todo tengo que cargar con la responsabilidad y muchas veces ni siquiera es que yo pueda hacer algo para que t-o-d-o funcione.

Pero es que fui programada para creer que debo ir un paso adelante y no fallar nunca, no por soberbia sino por temor, a todo alrededor, a todos alrededor. Por supervivencia.

Antes de este árbol que hoy es apenas un remedo de lo que fue el otoño pasado -con sus hojas rojas y la promesa de crecer hasta dar sombra-, con su tronco seco que ya deja ver las grietas por las que terminará por romperse cuando mis manos intenten encontrarle un punto sano, hubo varios intentos míos por revivir lo que ya no estaba destinado a ser

Esos intentos se han llamado lavanda, se han llamado rosal, se han llamado nochebuena; con la muerte de cada una de ellas se me fueron también decenas de lágrimas cuando ni remover la tierra, ni plantarles abono cerca, ni regarlas cada tercer día, ni nada, funcionó para que conservaran la vida.

Después de mucho caminar cuesta arriba, aprendí que todo en esta tierra debe seguir su curso, y no es la vida eterna, porque eso no existe. Hoy les llamo plantas y árboles, pero han sido amistades, amores, estrellas fugaces; sueños, anhelos, ilusiones, decepciones…

Hoy sé que lo que deba de ser, será, conmigo o sin mí.

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Por: Alma Santillán

Mujer, escritora, pachuqueña. A veces buena, a veces mala. Tiene dos mascotas que no se toleran entre sí, y dos corazones, porque uno no le alcanza para todo lo que siente.


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