Planeta Tierra llamando a meteorito

No creo en la humanidad reformada; creo en empezar de cero.
Urge que caiga un meteorito en la Tierra. Ya, es demasiado lo que pasa en este planeta; entre desastres, crisis y miseria, lo mejor que podría pasarle a la humanidad sería la extinción. Considero que el hombre como especie está en camino a la autodestrucción; ni recolectando cada pieza del caso roto y pegándolo con cuidado podría cambiar el curso de la historia.
Aunque siguen existiendo cosas, personas y situaciones que hacen del mundo un lugar lindo, la especie humana se empeña en tirar basura sobre ellas. No hablo tanto de basura tangible (ese es otro tema), me refiero al incansable deseo de muchos por hacer de lo bueno algo malo, de terminar con la bondad que se asoma en un día común y salpicarla de lodo por simple diversión.
En el último par de años más de una vez he tomado vacaciones largas de las redes sociales, las virtuales y las reales, porque el aire se torna pesadísimo estando dentro, porque el uno al otro se hacen la vida imposible, se tiran mierda porque pueden, porque parecen impedidos a interactuar de otra manera que no sea contagiando el odio. No es fácil mantenerse fuera del slam del hartazgo y cuando menos lo advertimos ya estamos también tirando odio.
Al haber rebasado ya la mitad de mi existencia (no, yo no quiero vivir cien años, con sesenta está bien), miro con tristeza el automático en el que vive un alto porcentaje de la humanidad, teniendo hijos sin pensar siquiera en qué clase de futuro les tocará vivir, yendo de la infancia a la adultez con los ojos cerrados -y el corazón ni se diga-, dando por sentado que mañana despertarán e ignorando que en un segundo el mundo se puede poner de cabeza y tal vez devorarlos.
No creo en la humanidad reformada; creo en empezar de cero. Y si nos hemos de extinguir como los dinosaurios, quedará una huella clarísima que explicará por qué el universo, algún dios o el simple azar decidió pulsar el botón rojo: porque mantener con vida al hombre implicaba dar muerte a todo lo demás sobre la faz de la Tierra. Porque nos matamos unos a otros y pocos se detienen a preguntarse para qué tanta maldad si estamos hechos de lo mismo: de instantes.

Autor: Alma Santillán

Pachuqueña. Cuenta con un título universitario que sólo menciona cuando es necesario. Escribe por gusto y sin fines de lucro, aunque si en el camino sucede, qué le vamos a hacer. Le gustan los gatos, pero por el momento tiene un perro.


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