Regreso fragmentado

La vida como la conocíamos se ha terminado. Es una realidad, es el duelo por el que todos los habitantes del mundo estamos atravesando porque aún no comprendemos los alcances reales de la pandemia.

El regreso a clases es una realidad, aunque no para todos. Este lunes, 15 de los 84 municipios hidalguenses reanudaron actividades presenciales en instituciones educativas públicas y privadas. Si bien este regreso nos da la esperanza de que pronto las cosas se reactiven y la vida pueda continuar de manera más “normal”, también es una situación que debe tratarse con cautela.

El campo educativo es uno de los más afectados por la crisis de covid-19, pues la virtualidad ha transformado radicalmente el proceso de enseñanza-aprendizaje en todo el mundo, pero también ha afectado aquellas cadenas de consumo que se generan en torno a las escuelas, el transporte, la venta de alimentos y útiles escolares y demás servicios relacionados directamente con la educación.

Volver a las aulas es volver a la incertidumbre. Cuando pensamos que la vacuna habría de garantizarnos mayor tranquilidad en el contacto con los otros, el surgimiento de nuevas cepas y de contagios y decesos de personas vacunadas ha puesto sobre la mesa un nuevo problema. No hay forma de garantizar un entorno cien por ciento adecuado para evitar los contagios.

Este regreso a clases presenciales de manera parcial funcionará como una prueba para saber si las escuelas son espacios seguros, si de a poco se puede rehabilitar el mundo como lo conocíamos y si será posible ese esperado regreso a la “normalidad”.

La vida como la conocíamos se ha terminado. Es una realidad, es el duelo por el que todos los habitantes del mundo estamos atravesando porque aún no comprendemos los alcances reales de la pandemia. No sabemos cómo volver a empezar ni si el mundo puede volver a tener sentido; hemos perdido tantas cosas en el camino que no podemos recuperar y sabemos que hay viejas prácticas y costumbres que no serán de la misma forma.  Al final, no nos queda más que creer en esas dos cosas que aún pueden salvarnos: la educación y la ciencia.

Feliz inicio de ciclo a todas las personas que, de manera virtual o presencial, han de seguir con lo que corresponde.


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