¿Ruptura o reacomodo en Morena?

En política, cuando alguien tiene que salir demasiadas veces a decir que no hay ruptura, es porque al menos una grieta sí hay. En el caso de Morena en Hidalgo, tal vez no haya un rompimiento formal, tal vez nadie esté haciendo maletas para irse del partido, pero negar el conflicto no siempre lo desaparece. Más bien confirma que ya se volvió visible.

En política, cuando alguien tiene que salir demasiadas veces a decir que no hay ruptura, es porque al menos una grieta sí hay. En el caso de Morena en Hidalgo, tal vez no haya un rompimiento formal, tal vez nadie esté haciendo maletas para irse del partido y tal vez la bancada en el Congreso siga votando unida en los temas verdaderamente estratégicos, pero negar el conflicto no siempre lo desaparece. Más bien confirma que ya se volvió visible.

 

Los morenistas hidalguenses han vivido semanas incómodas en el Congreso local. Primero por el caso de la Fundación Herrera Cabañas, donde algunas voces defendieron el valor cultural e histórico del espacio, mientras la mayoría cerró filas con el gobierno del estado basados en la recuperación de bienes públicos. Después, vino el debate sobre la consulta taurina, otro tema sensible, donde las diferencias volvieron a ponerse sobre la mesa. No son asuntos menores y en la izquierda vemos que no se ordena tan fácil con una línea partidista.

 

La respuesta oficial con Marco Rico ha sido que no hay ruptura sino pluralidad y puede ser cierto. Un partido grande, gobernante y con mayoría no tiene por qué pensar igual en todo, de hecho, sería sano que no lo hiciera, el problema es que esta llamada pluralidad ya parece fuego cruzado.

 

Este es el punto que Morena tiene que leer con cuidado. En el poder, las diferencias pesan distinto. Cuando un partido es oposición, sus pleitos internos parecen parte de su gracia, pero cuando gobierna, esos mismos pleitos se leen como disputa por influencia, por agenda y por futuro. Estamos a nada de la elección del 2027, por lo que cualquier desencuentro público se interpreta con lupa y se nota quién se alinea o quién marca distancia.

 

Por eso quizá aún no están frente a un cisma, pero sí ante señales de reacomodo. Morena en Hidalgo ya no es un movimiento que busca llegar al poder, sino una fuerza que administra gobierno, Congreso, ayuntamientos y las próximas candidaturas. En ese tránsito, las diferencias dejan de ser anecdóticas y se vuelven las señales de lo que puede pasar en unos meses.

 

La alerta política está ahí. Si Morena logra procesar estos desacuerdos como debate real, puede salir incluso fortalecido, pero si cada diferencia termina convertida en sospecha y en golpes debajo de la mesa, entonces el problema será que, antes de llegar al 2027, empiecen a descubrir que gobernar con mayoría no significa gobernar sin grietas.






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