Silvio bajo la lluvia

El cubano reunió a alrededor de 100 mil personas en el Zócalo de la Ciudad de México.

A pesar de los llenos de Silvio Rodríguez en el Auditorio Nacional al comienzo de la semana, se esperaba una multitud en el Zócalo para el primer concierto masivo después de la pandemia. Pese a la amenaza de lluvia, cerca de 100 mil personas esperaban con ansia la llegada del cantautor cubano, quien tenía ocho años sin presentarse en nuestro país; por eso, no es de extrañar que un grupo coreara su nombre, pidiendo que Vivir Quintana, la telonera, finalizara su número.

El panorama no resultaba muy halagador: casi a las nueve, cuando Silvio iniciaba su actuación y entonaba La pupila, Tláloc hizo su aparición. Unos pocos buscaron refugio, pero el resto soportó estoicamente. Algunos abrieron sus paraguas, obstruyendo la visión de la mayoría, que protestaba. La cosa empeoró cuando una de las pantallas gigantes falló; sin embargo, Silvio hechizó al público hablando de la joven que atrajo sus miradas cuando era joven, América, y bromeando sobre las costumbres cubanas en Viene la cosa.

La lluvia comenzó a menguar y, al fin, los de los paraguas los cerraron, ante la ola de reclamos. La pantalla volvió a funcionar. 

Los temas se sucedieron con éxitos como Escaramujo, Sueño con serpientes, Te amaré, Óleo de mujer y La maza, hasta llegar a la conocidísima El unicornio azul.

La segunda parte del concierto se inició con Créeme y No es fácil, en memoria de su amigo recientemente fallecido, Vicente Feliú, haciendo dueto con su hija; después, sonaron Yo te quiero libre, Días y flores y En el claro de luna.

El cantante de 75 años señaló que compuso durante la pandemia Danzón para la espera, e invitó a un compatriota a interpretar dos números y a solicitar medicinas para Cuba.

Mención aparte merece el espléndido septeto que acompañó a Silvio, en el que sobresalieron los guitarristas Rachid López y Maykel Elizarde, y la flautista Niurka González.

Silvio bromeó al entonar Quién fuera, la presentó como un estreno; es que ya se le olvida y la canta como si fuera la primera vez.

Como en sus presentaciones en el Auditorio, le dedicó El necio a Andrés Manuel López Obrador, y uno podía anticipar que el final se acercaba.

Ojalá fue coreada por una multitud que gritaba: “¡Silvio, hermano ya eres mexicano!”.

A las once de la noche, la muchedumbre se retiró, con una sonrisa en el rostro. La fiesta siguió en los andenes del metro y, para aminorar la espera, un par de jóvenes comenzó a cantar boleros clásicos, ante la complacencia de la gente.

Autor: Jorge Carrasco V.

Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.


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