Trabajo en casa, viable sólo para 9.5 millones de mexicanos

El trabajo desde el hogar es una de las medidas más efectivas para enfrentar el covid-19; sin embargo, los países emergentes, como México, pierden competitividad si lo hacen.

La pandemia por covid ha trasformado al mundo, ha cambiado las rutinas de trabajo y estudio en todo el planeta. Hasta hace unos meses, muchos de nosotros no nos habíamos especializado como docentes en línea y millones de personas no realizaban trabajos desde casa para algunas empresas; hoy, en los países ricos y en muchos emergentes, como México, el trabajo desde casa se ha instalado como la manera adecuada para enfrentar la pandemia. Por supuesto, en los países desarrollados, con mayores ingresos y más recursos tecnológicos, se han adecuado más fácilmente al trabajo a distancia que en los países emergentes, con menos recursos para hacerlo.

En muchos países, como en México, los sistemas híbridos (que combinan el trabajo a distancia y el presencial dentro del gobierno federal y en empresas) se han convertido en el mejor recurso para enfrentar la pandemia, principalmente en los servicios y ventas. De acuerdo a los datos de McKinsey Global Institute, en países como la India el trabajo desde casa sólo ha afectado al sector de la alta tecnología, debido a que más de 464 millones de personas trabajan principalmente en la distribución local, la industria o la agricultura.

Frente a la pandemia, la fórmula de trabajo enunciada ha servido como un medio para enfrentar los impactos externos, según McKinsey. Los datos de esta empresa muestran, en su estudio sobre el trabajo desde casa en Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, Japón, Francia, España, México, China y India, entre otros, que a nivel mundial más de la mitad de la población económicamente activa tiene poca o ninguna elegibilidad para el trabajo a distanciaes decir, no están calificados para realizar su trabajo virtualmente porque en la mayoría de los casos implica tener equipos y máquinas especializadas, instrumentos digitales y programas costosos.

Las investigaciones han concluido que, cuanto más desarrollada es la economía y el sector de servicios, más puede adaptarse el trabajo desde casa. En países como el Reino Unido, gracias al desarrollo de los servicios financieros, no menos del 46% de su población económicamente activa podría potencialmente trabajar desde casa y sólo el 33% podría hacerlo sin que ello implique pérdida de productividad.

En Alemania, el 39% de su población podría trabajar desde casa potencialmente y sólo el 30% podría hacerlo sin perder competitividad con ello; en Estados Unidos y Japón, el 39% podría trabajar desde su casa potencialmente, pero sólo el 29% podría hacerlo sin que ello signifique perder competitividad; mientras que en Francia, el 39% de los trabajos podría efectuarse desde casa, teóricamente, pero sólo el 28% sin que implique pérdida de productividad; en tanto que en España, potencialmente podría trabajar desde su casa el 36% de su población económicamente activa, pero sin perder competitividad, únicamente el 26%.

En los países emergentes las cosas son peores que en España. En México, sólo el 26% de la población económicamente activa estaría en condiciones de trabajar en línea, pero sólo el 18% podría hacerlo sin perder competitividad; es decir, sólo 9.5 millones de los 52.6 millones de personas que conforman hoy la población económicamente activa. Pero en China el panorama es incluso peor, pues solamente el 16% podría trabajar sin pérdida de competitividad, del 22% potencial; mientras que en la India, el trabajo a distancia podría efectuarlo el 16% de su fuerza de trabajo y sólo el 12% sin riesgo de afectar la productividad.

En conclusión, de acuerdo al estudio de McKinsey, en las economías desarrolladas más del 20% de los trabajos se podrían realizar de forma remota entre 3 y 5 días a la semana, con la misma eficacia que si se realizaran presencialmente, en una coyuntura donde el hogar se ha convertido en oficina, pues de acuerdo a la investigación, hoy cuatro veces más personas trabajan desde su casa que antes de la crisis, con las lógicas consecuencias para restaurantes, tiendas y empresas de servicios, en los sistemas de  transporte y en el gobierno.

Autor: José Luis Ortiz Santillán

Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.


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