¿Un mundo inteligente?

La inteligencia humana no puede ser definida, aunque es uno de los componentes de nuestra natura que ha tratado de ser analizado desde diversos enfoques científicos y no científicos.

La inteligencia humana no puede ser definida, es uno de los componentes de nuestra natura que ha tratado de ser analizado desde diversos enfoques científicos y no científicos, sin que hasta ahora podamos advertir qué la hace posible y cuándo un sujeto social es inteligente.

 

La inteligencia de un sujeto social se advierte de acuerdo al contexto donde ese individuo hace perceptible su inteligencia, pero esta relación socio-contextual bajo ninguna circunstancia podrá establecer los alcances de esa inteligencia, sino exclusivamente en relación lineal a ese contexto. Como ejemplo, a Albert Einstein se le recuerda por el genio inteligente aplicado a la Física, pero pocos saben que era magistral tocando el violín.

 

El cuestionamiento de fondo en nuestro tiempo es si somos una sociedad inteligente, comparado, evidentemente, con otra era de la humanidad; premisa lógica que es tan absurda como si esta pregunta se la hubieran planteado otras sociedades de otro tiempo.

 

En términos estrictos, no ha habido una sociedad que no sea inteligente, pero este argumento se centra en el focus de otras dimensiones del desarrollo de la inteligencia que no tienen que ver con ella de manera lineal, pero que son parte de la intención y dirección de una sociedad. El ejemplo es el desarrollo de la bomba atómica, ciencia aplicada desprendida de inteligencia y conocimiento ilustrado; en suma, es una expresión de la sociedad inteligente de la modernidad, pero cuando se le evalúa a través de la dirección de la moral social, la bomba atómica es el ejemplo más claro de la estupidez humana.

 

Entonces, ¿la inteligencia puede ser un signo inequívoco de la estupidez? No.

 

Los actos humanos investidos de inteligencia responden a contextos y problemáticas, pero sus efectos en la modificación de la realidad-contexto, donde se involucra daño social, suele ser -aunque no siempre- visto como una condición que atenta no solo contra la moral y la armonía social, sino también como el ejemplo aberrante del uso de la inteligencia. El ejemplo es que cuando se defiende en una guerra a la nación cuya inteligencia en estrategia y uso de las armas se puede ver como un plus, como en el caso de las guerras de independencia en lo que hoy es América Latina, pero la muerte que generaron no son un acto que puedan ser catalogados como “inteligentes”.

 

Hoy, que parece más importante usar un teléfono celular que explicar su impacto social, la realidad nos hace ver como menos inteligentes, más allá de que se conozca cómo funciona el artefacto, porque todo se ha direccionado, al menos en el anhelo frustrado de la sociedad, en que la inteligencia es tal en la medida que causa “reflexus”, luz para la humanidad entendida en términos de desarrollo humano; si hace lo contrario, no lo es.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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