¡Viva el agandalle!

Lamentablemente, aun en tiempos de pandemia o a lo mejor por eso, el agandalle es parte de nuestras vidas.

Agandallar es cometer un abuso en que se logra algo a lo que no se tiene derecho y en detrimento de otros. En nuestro país, por desgracia, agandallarse las cosas es casi un deporte nacional.

Llama la atención que en plena pandemia abundan los gandallas, que lo mismo se apropian de las vacunas dañando a los que tienen derecho, y otras gandalleces que se van manifestando poco a poco.

Hace unos días, cesaron al director del Hospital General de Pachuca por una decisión gandalla por la que decidió que fuera vacunada la secretaria general de la sección XX del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaria de Salud, sin que tuviera derecho porque, dijo el ahora ex director, tenía un hijo enfermo de covid.

Si así fuera, cuántas personas se tenían que vacunar, pero no todos son líderes sindicales ni un amigo que les permita la gandallez, porque tan gandalla es el director como la lideresa del sindicato.

Pero aún hay más. 

Son gandallas los que piensan que son muy listos y, sin medir consecuencias, ponen una puerta falsa en su bar como si fuera de un refrigerador y aceptan clientes para tomar alcohol sin medidas sanitarias.

Son gandallas los de un famoso restaurante de carnes, que dicen que cierran, pero dan entrada a clientes que les dejan buenas ganancias.

A nivel nacional se da el caso de que ante la necesidad de certificados de covid, que exigen algunos países para recibir mexicanos, ya aparecieron los certificados falsos que se venden baratos.

Esto, sin contar los gandallas en política, que sin merecerlo, quieren repetir como diputados, los que se agandallan las candidaturas, el dinero de las campañas y un largo etc.

Y más que veremos.

El agandalle en grande… en una fiesta de abusivos que parece no terminar nunca.


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