Yalitza, el rostro negado por la sociedad

El racismo está a flor de piel en la sociedad mexicana, aceptarlo y confrontarlo puede ser el primer paso hacia un mejor futuro.

México esconde los contrastes en el discurso político del racismo y el clasismo que subyace en innumerables escenarios y conductas de lo cotidiano, sin que hasta ahora exista una reestructuración clara en la educación pública y privada para crear un currículum que permita recrear la realidad social y humanizar la educación.

Es evidente que los niños no desarrollan condiciones racistas y clasistas, estas son parafernalias de dominación de los estamentos sociales que controlan al Estado y se desarrollan en los enclaves familiares y sociales de los estratos dominantes y sus expresiones orgánicas como clubes sociales, cofradías industriales, terratenientes y comerciales, creando condiciones míticas y culturales que generan la apropiación de una conducta racista y clasista.

El peso de la religión en el racismo y el clasismo es demoledor, sus ejemplos están a la vista y se prohíjan en la pureza racial, que fustigan casi cualquier relación horizontal de las sociedades; grandes tragedias como el sufrimiento y extinción de infinidad de pueblos originarios, tanto por la brutalidad de los conquistadores como por el instrumento de la Santa Inquisición, son ejemplos que quedaron en las recopilaciones históricas y en las narrativas de los indígenas y los criollos.

Las estructuras de gobierno como instrumentos de sectores privilegiados de la sociedad han impuesto el racismo en múltiples formas, de manera sigilosa, escondida y en los recovecos del lenguaje y la imagen, trazando indolentemente un engaño velado para segregar a la población; el ejemplo que recientemente nos legó Donald Trump, alentando el genocidio de los afroamericanos y los latinos, no puede, bajo ninguna circunstancia, dejar de aleccionarnos y la complicidad del gobierno mexicano en ello es un capítulo aparte.

Yalitza Aparicio, actriz, que hoy es embajadora de Naciones Unidas, ha sufrido en carne propia el racismo y clasismo de un nutrido sector de la sociedad mexicana que la fustiga e impugna, que no se siente orgullosa de su piel y extracción indígena, que ni siquiera se une en el sentimiento de lo nacional.

Yalitza es mudo testigo de narrativas fallidas de la sociedad mexicana, se defiende y defiende su origen, pero pocos escuchan, mientras seguimos en una segregación brutal que parece no tener fin.

¿Cuántas gotas amargas tenemos que tragarnos hasta que cambiemos el fallido paradigma racial en el que nos encontramos?

Consultoría Política y lectura espiritual del Tarot: [email protected]

Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.



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