La artista operaria Anna (Saga Gardadotir) se ha separado de su esposo, el pescador Magnus (Sverrir Gudmasson), pero intenta mantener una relación cordial por el bien de sus tres hijos, el verdadero eje emocional de la historia.
Ese es el motor principal de El amor que permanece, cuarto largometraje del director islandés Hlynur Pálmason, que forma parte de la LXXIX Muestra Internacional de Cine, actualmente en exhibición en la Cineteca Nacional y otras sedes.
El guion, firmado por el propio realizador, se sumerge en la complejidad de las relaciones de pareja, mostrando los matices entre el desgaste, la costumbre y lo que aún permanece.
Anna, una mujer madura que evita nuevas relaciones, sobrevive trabajando como operaria mientras da forma a sus piezas artísticas. En contraste, Magnus es un pescador hosco y ausente, marcado por la distancia, pero todavía atado emocionalmente a su familia.
A pesar de la separación, hay vínculos que no se rompen: el amor por sus hijos y la presencia del entrañable perro Panda, pieza clave del núcleo familiar, que incluso fue reconocido en el Festival de Cannes.
Astin sem eftir er, título original del filme, obtuvo el premio a mejor fotografía, consolidando una propuesta visual que refleja con precisión la frialdad emocional de sus personajes. Una historia que confirma que, en el norte, las relaciones pueden ser tan gélidas como su clima… pero no por ello menos profundas.