El PRI de Hidalgo venía de una buena narrativa. El triunfo tricolor en Coahuila le dio aire y la posibilidad política de decir que Morena no es invencible, pero pocos días después, en casa, el priismo hidalguense volvió a mostrar una de esas postales que tanto le recuerdan a la gente por qué el partido carga con fama de viejo conocido: anunció una elección por voto directo de la militancia y terminó sin elección porque sólo hubo una fórmula.
La historia es perfecta en términos partidistas. Primero se habla de apertura, de voto directo y secreto, luego llega el día del registro y, curiosamente, nadie más se apunta. Marco Mendoza, quien ya venía encabezando el partido, se separa unos días para competir, se registra con Jenny Márquez y, al no aparecer otra fórmula, la competencia se convierte en ratificación. Es legal, claro, pero políticamente es una joya.
Lo interesante está en las lecturas que nos deja esto: o Marco Mendoza tiene un control interno tan amplio que nadie quiso competirle; o nadie más quiso cargar con el PRI en este momento; o la unidad priista es tan abrumadora que la militancia decidió ahorrarse la molestia de ir a votar. ¿Por cual le apuesta?
Elegir la dirigencia no es el punto, sino el cómo, porque tampoco se trata de negar que el PRI necesita orden para llegar a 2027 con el reto de sumar más municipios de los ganados en 2024. Además, esto, lamentablemente no es una práctica sólo de ellos, hay partidos de todos los colores que hacen lo mismo.
El tricolor debe convencer que aprendió de su pasado y que tiene camino rumbo al 2027, pero cuando su proceso interno termina sin competencia, la señal no es precisamente de efervescencia democrática. Desde luego que esto pudiera ser fruto de la disciplina partidista, pero también queda la duda de si dentro del partido existe el debate interno.
Al final, la “nueva” dirigencia queda con el partido en las manos y con una tarea nada sencilla: demostrar que esta ratificación no fue una vuelta al viejo libreto priista, sino el arranque de una ruta sensata para competir, porque si el PRI quiere aprovechar el aire de Coahuila en Hidalgo, tendrá que hacer algo más que aplaudirse en casa. La militancia no votó porque no hubo contra quién; ahora falta ver si en 2027 la ciudadanía sí encuentra una razón para votar por ellos.






