La vida pública de Hidalgo está por entrar a un terreno nuevo, donde por primera vez vivirá una consulta popular estatal en una jornada electoral. El tema será la tauromaquia, sí, pero reducirlo sólo a eso sería quedarse corto, porque lo que viene también será una prueba sobre cómo entiende el estado la participación ciudadana, cómo la organiza y qué tan preparado está para meter una pregunta pública dentro de una elección donde además se renovarán ayuntamientos y diputaciones locales.
El asunto no llegó ahí por casualidad. La discusión taurina se fue calentando, se volvió políticamente muy incómoda y la clase política terminó encontrando en la consulta una salida institucional. El Congreso tomó la ruta de preguntarle a la ciudadanía y el Tribunal Superior de Justicia validó su constitucionalidad; ahora el balón queda del lado operativo del Instituto Estatal Electoral de Hidalgo, que tendrá que organizar un ejercicio inédito en una elección que de por sí ya venía cargada. No es solamente poner una pregunta en una boleta o, en este caso, en una papeleta, sino diseñar cómo se vota, cómo se cuenta, cómo se informa y cómo se cuida para que el tema no complique la jornada electoral.
Por eso importan los detalles que ya empezó a poner sobre la mesa el IEEH, señalando que una consulta requiere papeletas, una urna adicional y al menos una persona más en cada una de las más de cuatro mil casillas que se instalan en la entidad, lo cual se convierte en recursos que deberán calcularse dentro del presupuesto de 2027. Dicho de otra manera, la participación ciudadana también cuesta, y si los diputados decidieron abrir esa puerta, hay que hacerse cargo de lo que implica. Es decir, no se puede aprobar una consulta popular como salida política y después sorprenderse de que organizarla tenga consecuencias presupuestales.
También habrá que cuidar el tono con el que esto se aborde ante la sociedad, porque la tauromaquia es un tema que divide. Ambas posiciones, tanto el sí como el no, llegarán con fuerza, pero la responsabilidad será garantizar que la ciudadanía pueda decidir en condiciones claras.
Así que Hidalgo no sólo votará por autoridades en 2027, también estrenará este mecanismo de participación que busca responder preguntas difíciles. La consulta taurina será el primer gran ensayo, con todos sus costos y aprendizajes. Ojalá se entienda así, porque el verdadero resultado no estará únicamente en saber si gana el sí o el no y con qué porcentaje de participación, sino en comprobar que las instituciones y la ciudadanía están listos para decidir algo más que cargos públicos. Esa, al final, también es democracia.





