Cantabria de mi corazón

Afortunadas casualidades. Una mexicana, radicada en Panamá, conoció a su hoy esposo en Barcelona y actualmente viven en Cantabria, junto a su pequeño hijo.

Gina Jaimes

Para mí, Cantabria es sinónimo de familia; me ha brindado una paz y estabilidad emocional que jamás pensé que conocería, es un lugar maravilloso que considero mi hogar.

Yo soy Gina, esposa de Galo y madre de Jorge; originaria de Ciudad de México, arquitecta y empresaria radicada en Panamá. Conocí Cantabria por unos amigos empresarios residentes en Panamá, originarios de Colindres, y a mi esposo por casualidad, a través de ellos, en Barcelona durante unas vacaciones. Y qué tal las casualidades: lo conocí tres semanas antes de regresar a Panamá y estábamos tan apegados el uno al otro que lo invité a regresar conmigo. Nos comprometimos al mes siguiente y nos casamos unos meses después. 

Ya como pareja, nos enfrentamos a una decisión difícil: su madre, de 75 años de edad, se enfermó de cáncer y además, padecía una depresión crónica que hacía indispensable mudarnos a Santander para acompañarla. Eso implicaba abandonar negocio, apartamento, independencia, etcétera, y lo hicimos sin saber qué nos depararía esta decisión como pareja. 

Para empezar, debimos sacrificar nuestros bienes en Panamá, prácticamente abandonarlo todo. Llegamos a Cantabria en agosto de 2019, dos semanas después de nuestra boda, justo para comenzar nuestra vida como pareja, un hito en nuestra vida. En abril de 2020 se integraron dos miembros más a nuestra recién formada familia: dos gatitos mexicanos (qué alegre casualidad), que nos regalaron un poquito de mi tierra.

La recompensa a todas esas renuncias: tanta paz y tranquilidad que logramos convertirnos en padres de un pequeño que, cuando supimos la noticia, tenía ya 5 semanas, algo que, aunque deseábamos, dudábamos que se nos concedería, pero aquí estamos: los tres contra el mundo.

La arquitectura, paisajes, actividades y gente de Cantabria nos han brindado un calor de hogar que buscábamos y es el lugar donde queremos que crezca y se desarrolle nuestro pequeño. Ahora mis padres buscan la manera de mudarse a Santander y acompañar a su nieto, y por qué no, disfrutar una jubilación cómoda, cálida y llena de paz y tranquilidad.


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