Del sensacionalismo a la paranoia colectiva

El pasado 27 de diciembre se hizo oficial lo que muchos expertos habían predicho con vasta anticipación: el aumento al precio de las gasolinas en un 15%-20% para el consumidor final, el cual comenzaría a ser recaudado a partir del primero de enero de 2017. La medida –como era de esperarse– ha generado el rechazo rotundo del grueso social, y las movilizaciones de protesta no se hicieron esperar; bloqueos, marchas, congregaciones y hasta saqueos, han sido las manifestaciones más recurridas en distintos puntos de la República Mexicana. Hidalgo no fue la excepción y precisamente el miércoles vivió uno de sus episodios más caóticos y de exacerbada incertidumbre en mucho tiempo.

Imágenes de supuestos boicoteos a centros comerciales, tiendas de autoservicio y de conveniencia, se comenzaron a propagar en las redes sociales, encendiendo las alarmas al ser algo que pocas veces suele verse en Pachuca. La paranoia se incrementó cuando de boca en boca se iban corroborando las versiones por medio del primo de un conocido de un amigo que aseguraba haber presenciado los hechos. Nadie sabía realmente qué ocurría, yo leía mis redes sociales mientras estaba en la Ciudad de México y lo único de lo que se escribía era del pánico que imperaba en las calles de Pachuca, aunque sí debo decir que con muy pocas fuentes periodísticas confiables que pudieran confirmarlo de manera plena. El rumoreo se había tragado la versión periodística.

Aproximadamente a las 20 horas llegué al centro de Pachuca, y de lo leído en redes, en el trayecto sólo se podía encontrar una sola gasolinera cerrada cerca de Tizayuca, al parecer más por prevención que por desbasto o boicoteo, ya que no tenía signos de violencia. Ni un solo bloqueo en la autopista, salvo el cierre de la caseta de peaje por un grupo de civiles que la habían reducido a un solo carril, permitiendo el paso sin pago, lo cual es muy común en manifestaciones opositoras de ésta índole. No había rastro de vandalismo o atmósfera de patrullaje policial fuera del que se ve comúnmente en esa zona. Ya en Pachuca, el transporte público funcionaba con aparente normalidad, un buen número de tiendas de autoservicio se veían abiertas, así como varios restaurantes y establecimientos comerciales; las calles lucían en aparente estado de calma pero con muy leve flujo vehicular, y nula actividad peatonal, la mayoría al parecer había terminado su jornada temprano ante lo propagado en su mayoría por rumores irresponsables y dichos sensacionalistas.

En efecto: existieron bloqueos carreteros por la tarde y un par de saqueos en los municipios de Actopan e Ixmiquilpan; sin embargo, se radicalizó la información y la escala de las manifestaciones, se sobrevaloró el caos y se propagó el miedo a través de un arma que pareciera subestimada pero tiene alcances incomparables: las redes sociales, que hoy en día juegan un papel preponderante en el terreno político, tanto como medidores del ánimo social como medios de manipulación popular, de ahí la importancia de corroborar fuentes y evaluar su procedencia y credibilidad. Lo de ayer fue paranoia, fundada, claro está, pero paranoia al fin, y no es para nada un camino viable; suficiente incertidumbre existe ya en un país golpeado y cada vez más debilitado por el ´mal cálculo´ del régimen político como para promover el terror y la inestabilidad entre nosotros mismos.

Siempre habrá maneras de ejercitar nuestro derecho a inconformarnos de manera inteligente, pero hasta en el caos y el hartazgo seguimos siendo sociedad; hoy más que otras veces, sería el peor momento para desconocernos como pares.

Autor: Hamet López

Licenciado en Derecho, melómano amateur y discípulo de la vanagloriosa causalidad. Escribo sobre lo que merece la pena y sobre lo más importante de lo menos importante en referencia a lo que me emociona pero no es de trascendencia nacional. A veces desayuno derechos humanos y otras sólo política ochentera. El azul es por los NYGiants y lo pambolero por los Tuzos del Pachuca. Siguen sin gustarme las guayabas.







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