En 2027, la ciudadanía hidalguense podría encontrarse frente a una boleta con doce partidos políticos -ocho nacionales y cuatro locales- a los que todavía habría que sumar las candidaturas independientes que se puedan incorporar. Dicho así, parece que pocas veces habíamos tenido tantas posibilidades para escoger, aunque también puede provocar la sensación de estar frente a un menú enorme donde varios platillos cambian de nombre, pero que saben a lo mismo.
En teoría, más partidos significan más voces, más representación y mayores posibilidades de que distintos sectores de la sociedad encuentren una opción cercana a sus ideas. Esa es la parte bonita de esto, el problema empieza cuando esta pluralidad termina siendo sólo más aparato burocrático partidista, dinero público y candidaturas que nadie conoce. La democracia necesita opciones, claro, pero también partidos capaces de representar algo real, formar políticos, tener congruencia y estar presentes más allá de las campañas electorales.
Por eso, pareciera que la solución no es que haya más partidos, sino mejores políticos, porque por muy nuevas que sean las opciones partidistas, si las candidaturas terminan saliendo de los mismos grupos, el asunto termina siendo más decorativo que democrático. Mucha oferta no siempre significa verdadera competencia y, como en cualquier mercado, también existe mercancía que por más que se promocione, no se vende aunque cambie de empaque.
La elección de 2027 servirá además como una prueba de supervivencia. Así como la ciudadanía permite el nacimiento de nuevos partidos mediante afiliaciones y votos, también puede retirarles el registro cuando no alcanzan el respaldo mínimo en una elección. Eso obliga a las doce fuerzas a demostrar que tienen algo más que documentos en regla y financiamiento público, porque al final será la gente la que decida cuáles tenían una razón para existir y cuáles sólo vinieron a engrosar la boleta.
Será interesante ver qué ocurre, porque entre doce partidos y posibles independientes no faltarán aspirantes ni promesas de campaña, pero lo que podría faltar, como tantas veces, son buenos proyectos políticos. Una democracia no se vuelve mejor únicamente porque ofrece más opciones, de nada sirve una boleta enorme si al final la ciudadanía siente que está eligiendo entre muchas siglas, muy pocas alternativas.





