El primer verso de Neruda

Pablo Neruda me abrió los libros; cuando pienso en él y en su poesía, todo se vuelve cristalino.

La triada griega (Sócrates, Platón, Aristóteles) no pudo resistirse al poder de la poesía, que para ellos era el filtro del conocimiento desde la filosofía como conocimiento del cosmos, al igual que como lo expresó Gramsci, solo que el gran italiano lo pensó desde el materialismo histórico.

Mi primer verso de Neruda fue “Mamadre”, y lo llamó así porque lo crió su madrastra, una mujer fuerte y tierna que lo condujo al encuentro con la poesía, con la primera búsqueda de las caracolas en Isla Negra.

Tuve la oportunidad de ver al poeta dos veces en mi vida; la primera ocasión yo era un niño de 7 años y me dirigía a casa de mis abuelos con mi padre, pasamos por la casa del poeta en Santiago y estaba regando su jardín, entonces hicimos un alto al caminar y mi padre lo saludó, yo miré al poeta y cuando emprendimos nuevamente el camino mi padre me dijo: “él es el poeta más grande de Chile”, yo le dije a mi padre: “es un viejo gordo”.

Pero no fue hasta mis mocedades, cuando entendí el poema Mamadre, que sentí la calidez y la ternura del amor de madre, ese que te acoge con el viento tibio, que enjuga tus lágrimas cuando la noche es áspera, el que jamás termina ni con el limbo de la muerte. Tenía 16 años y me sumergí en la literatura universal, pero siempre volvía a Neruda, a ese viejo gordo que conocí cuando era niño.

Neruda me abrió los libros, amigos inseparables que jamás engañan, solidarios en la universidad y eternos al anochecer, así como el canto de las caracolas que susurran al universo la melancolía del marino, el mito de Poseidón y las cumbres de Los Andes que miran desde el sur al majestuoso Popocatépetl.

Cuando pienso en Neruda todo se vuelve cristalino, me acuerdo de la pampa que caminé y de las nieves eternas del sur, de los lagos azules y ojos de mujer y de la savia del universo en una noche estrellada, pero sin duda del canto al amor que estuvo en sus páginas más allá de los 20 poemas de amor y una canción desesperada, así con los ojos llenos de la humanidad es como recuerdo a Neruda y el primer verso que tocó mi mente de niño.

El poeta del amor partió al inframundo y sus letras se volvieron universales quizá con la fuerza y la melancolía de las caracolas, quizá para que el amor infinito siga el canto del ruiseñor y el majestuoso cóndor surque las nieves eternas.

 

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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