G7, entre dos fuegos

NUESTRO FUTURO EN JUEGO. Este lunes concluyen las pláticas en las que se pretende poner solución a problemas que aquejan a todo el planeta, esperemos que haya acuerdos y pronta acción.

Al inaugurar la Cumbre del Grupo de los 7 (G7), el presidente de Francia, Emmanuel Macron, dijo que nuestro mundo está en un punto de quiebre y prometió hacer todo lo posible para avanzar en los diversos temas pendientes, convencido de que sería muy difícil alcanzar el éxito. Definitivamente, la economía de mercado está buscando un nuevo rumbo, un sendero de crecimiento y desarrollo; está atrapada en un laberinto y busca un ajuste entre las nuevas relaciones de producción surgidas de la globalización y el desarrollo de las fuerzas productivas.

 

Economías inertes

En 2008, la crisis de los “Subprime’s”, de los créditos basura, puso en jaque al modelo neoliberal de desarrollo del capitalismo y la crisis de la deuda soberana le dio la estocada final; desde entonces, el crecimiento está atascado en los límites de la mediocridad. A pesar de los estímulos monetarios que han llevado a las tasas de interés cerca de cero puntos, las economías no reaccionan, los crecimientos no sólo son raquíticos, sino efímeros e incapaces de crear nuevos empleos, como ha sucedido en Alemania.

 

China, el motor de la economía castigado por EU

Hasta ahora, la economía china ha sido la locomotora del crecimiento y sus inversiones son deseadas por todos los países; no ha pasado un solo año sin que se evoquen sus perspectivas de crecimiento. Sin embargo, en lugar de coordinar esfuerzos y políticas, el presidente Donald Trump se ha empeñado en fomentar una guerra comercial con China y llevarla hasta las últimas consecuencias; mientras que los mercados siguen mostrando sus limitaciones para encontrar sus equilibrios y los especuladores continúan diseñando el futuro de su comportamiento, haciendo que los líderes mundiales reconsideren la función reguladora del Estado y las políticas keynesianas para impulsar el crecimiento.

Producto de las mismas contradicciones del desarrollo del capitalismo, ha surgido una nueva corriente encabezada por Donald Trump, que se opone a la globalización, al libre comercio y al multilateralismo, poniendo en jaque los acuerdos internacionales y saliendo de ellos, pretendiendo diseñar un mundo de acuerdo a sus deseos.

Si bien Emmanuel Macron apostaba por que surgieran acuerdos que impulsaran el progreso real en temas como la lucha contra el calentamiento global, el crecimiento, las desigualdades y el mejoramiento de las condiciones para el comercio mundial, en realidad es imposible cuando existen visiones diametralmente opuestas entre Europa y Estados Unidos.

 

Innovación contra la recesión

Aunque el presidente francés ha prometido trabajar para impulsar el crecimiento y el empleo, el fantasma de la recesión cubre las perspectivas de Estados Unidos y Alemania. Precisamente, para hacer frente a la recesión, Macron ha propuesto ser innovadores, utilizar estímulos fiscales para promover las inversiones futuras y poner fin a las tensiones comerciales.

Pero no será fácil estimular el crecimiento económico sin concertación de las políticas económicas. A Donald Trump le importa poco la recesión y el estancamiento del comercio mundial; él acaba de decidir aumentar los aranceles sobre productos importados de China por un valor de 550 mil millones de dólares y ahora se dispone a gravar los vinos franceses, lo que provocó la respuesta unánime de los europeos de pagar con la misma monda por cada acción estadounidense contra los productos europeos.

Los desacuerdos son muchos en temas relacionados con los proyectos marítimos para reducir la velocidad del transporte y luchar contra las emisiones de gases de efecto invernadero o el sector textil, por ejemplo; será difícil encontrar consenso entre los líderes de los países ricos en la Cumbre de Biarritz.

 

Hoy, el desenlace del G7

Las discusiones sobre calentamiento global y los incendios en el Amazonas muestran lo complicado de los acuerdos; el presidente de Francia ha dicho que no ratificará el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el MERCOSUR si Brasil no se compromete a apagar los incendios forestales e invertir para la reforestación. Al respecto, el presidente de la Comisión Europea, Donald Tusk, ha dicho que es difícil imaginar un proceso armonioso de ratificación por parte de los países europeos, cuando el gobierno brasileño permite la destrucción de los pulmones verdes de la Tierra. Veremos este lunes el desenlace de esta reunión de los oligarcas del planeta.

Autor: José Luis Ortiz Santillán

Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.



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