De primera intención, en Hidalgo, Morena no debería espantarse demasiado con la idea de competir sin el PT y el Verde porque ya lo hizo en 2024. En aquella elección local fue sólo con Nueva Alianza y dejó que sus otros aliados nacionales caminaran por su lado. El detalle es que el 2027 no necesariamente será una copia del 2024, y ahí está lo interesante. Una cosa es que PT y Verde compitan otra vez separados, cada quien midiendo su fuerza, y otra muy distinta es que decidan juntarse para llegar con más peso a la mesa o a la elección.
Por eso, un posible bloque Verde – PT, más que otra cosa, pudiera ser una negociación anticipada. Por mucho que lo quieran desdeñar, en política casi nadie se mueve sólo por cariño ideológico. Los partidos se miden, se enseñan, se tantean y, si pueden, encarecen su compañía. Si PT y Verde se ven con posibilidades de sumar juntos más de lo que pesan separados, lo lógico es que intenten hacerlo valer.
Morena, por su parte, llega con una ventaja evidente. Gobierna el estado, tiene mayoría en el Congreso local y también en el número de ayuntamientos; es decir, sigue siendo la marca más fuerte dentro del bloque oficialista. Pero también llega con algo que en 2024 pesaba menos que hoy: el desgaste natural de gobernar. Cuando ya se administra y se decide, la elección deja de ser sólo una ola de propuestas y se vuelve una especie de evaluación de la ciudadanía.
Ahí es donde el juego del PT y Verde deja de verse chico. No porque estén en condiciones de ganarle todo a Morena, pero sí porque podrían complicarle municipios, distritos o negociaciones internas. Separados, ya se midieron; pero juntos, no, y ese bloque novedoso puede reunir estructuras, candidaturas, inconformidades y votos que podrían ganar ciertos espacios, pero primordialmente mover resultados cerrados y en una elección de ayuntamientos, a veces eso es más importante.
Por eso, si la estrella y el tucán se dejan ver juntos, sería ingenuo pensar que no hay mensaje político. Es una forma de decirle a Morena que no necesariamente están esperando instrucciones, sino que entre ellos hay comunicación, que pueden caminar solos o juntos y que si quiere alianza, tendrá que haber buen trato político.
En 2024, Morena ya probó y demostró que podía competir sin ellos. Si en 2027 vemos un bloque PT-Verde, los guindas tendrán que probar algo más difícil pero aún cierto: que siguen siendo el centro de gravedad de la estructura gobernante, aunque sus aliados decidan jugar con peso propio.
Con esto vemos que, además de llevarse pesadito, en la 4T ninguno quiere llegar barato al 2027.






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