En el marco del Primer Informe de Actividades de la senadora Simey Olvera, todo indica que ya se han planteado los limites de Morena en un posible ascenso de la reforma de alternancia política de género y, ello, en el escenario de quién debe ser la o el próximo sucesor de Julio Menchaca en la gubernatura de Hidalgo.
Mis únicos y queridos lectores, el hecho de que Simey Olvera haya desbordado el teatro Gota de Plata no implica, en modo alguno, que ya haya ganado la nominación interna de Morena para acceder a la gubernatura de Hidalgo.
Quedan en el tintero, los hechos de inadecuados manejos en redes sociales y vínculos con empresarios que han generado suspicacias sobre el peso político de Olvera Bautista en Morena Hidalgo y como posible abanderada de la izquierda. En los extremos de la izquierda en Hidalgo, el activismo político que llegó a desplegar Simey Olvera, al inicio de la gestión de Julio Menchaca, la perfiló como una de las cartas fuertes a la gubernatura, pero nada está escrito y en línea directa tiene como adversaria a Rebeca Aladro, que en la procuración de justicia ha encontrado un epicentro de poder.
En el carrusel a la gubernatura, los limites en Morena se han puesto a partir del juego de lealtad política en torno a la figura del gobernador Menchaca Salazar sin que, hasta ahora, “aparezca el humo blanco” que habrá de ungir a la o el próximo aspirante a la gubernatura y su posible nominación como candidata o candidato.
En el inicio del mandato de Julio Menchaca, la brújula política giraba en torno a la eficiencia administrativa del staff de posibles aspirantes a la gubernatura a título de “obras son amores y no buenas razones”. Empero, el péndulo empezó a oscilar sobre el peso de la lealtad política desde que se presentaron los primeros escarceos como el del senador Cuauhtémoc Ochoa con Guillermo Olivares, cuestión que redireccionó el ajedrez político de Hidalgo.
Si el criterio de desempate político entre las y los aspirantes en los límites de Morena es la lealtad, el problema estriba en señalar cuál es el termómetro político que calibra la lealtad, el cual podría quedar:
I. Lealtad caliente
Aquella que pese al vendaval y al haber sido golpeado por la arena política, devela una conducta a toda prueba. En este caso, la o el que más hubiera soportado las piedras en los zapatos y la ampollas en los pies, estaría de cara a la sucesión transexenal del 2028.
II. Lealtad tibia
En este caso, el haber mostrado disenso en la conducción del poder en Morena descarta de inmediato de la lista nominal a la gubernatura, porque la disciplina es la que impone el premio mayor.
III. Lealtad fría
Aquí, la evidencia de no comprometerse con el proyecto político es suficiente como para quedar escindido de la contienda, pese a que se haya realizado liturgias y protocolos en la antesala al carrusel político.
Los límites en Morena de cara a la sucesión transexenal se han fijado en la lealtad política y, en ella, oscila el péndulo que marcará la designación definitiva, donde disciplina y confianza hacen del perfil de la o el ungido lo que habrá de determinar el “humo blanco”.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





