El presidente estatal del PRI es uno de esos perfiles que obligan a separar a la persona del momento político que le tocó cargar. Es indiscutible que Marco Mendoza como diputado local ha logrado distinguirse en el debate parlamentario, no por ser parte de la oposición, sino porque tiene bagaje, lectura y una formación que se nota cuando sube a tribuna. En una Legislatura donde el debate de fondo es un invitado poco común en sus sesiones, Mendoza aparece como un político serio y con oficio, de esos que pueden gustar o no, pero difícilmente pasan desapercibidos.
El asunto, claro, es que Marco está en el PRI, y decir eso en el México de hoy ya supone una carga política importante. No porque el partido esté muerto, como algunos quisieran asegurar, sino porque la marca priista sigue pagando costos históricos y una desconfianza ciudadana que no se ha borrado del todo. Ahí está quizá la parte más interesante de su caso: su perfil puede destacar por sí mismo, pero al mismo tiempo tiene que caminar con un partido que todavía no logra convencer a la gente de que ya entendió por qué perdió tanto poder.
También sería ingenuo negar su cercanía con Carolina Viggiano, porque ha sido parte de su ruta política desde antes de la coordinación de aquella campaña de 2022 y hasta su papel actual dentro del priismo hidalguense. Pero reducir este análisis sólo a eso no sería merecedor de este espacio, Mendoza ha sabido construir su propia voz y sostenerse en cargos donde no basta con tener respaldo, porque tarde o temprano hay que responder con un buen desempeño.
Rumbo a 2027, su papel será clave porque presidir el PRI en Hidalgo no es cualquier encomienda en este momento, tendrá que conducir a un partido que necesita volverse realmente competitivo. Y hacia 2028, además, aparece una posibilidad que pocos partidos tendrán: el PRI sí puede postular hombre a la gubernatura y si ese fuera el caso, Mendoza parece ser el perfil cantado.
El reto para él será no quedarse atrapado entre quienes lo ven sólo como un cuadro de Carolina Viggiano y entre quienes lo descartan únicamente por ser priista. Ninguna de las dos alcanza para explicar su momento, porque Marco Mendoza tiene preparación y presencia política, pero también enfrenta un terreno cuesta arriba donde su principal adversario no siempre estará en Morena o en el amplio abanico de la 4T, sino en la percepción que todavía arrastra su propio partido. Por eso su camino será interesante de observar, ya que si logra posicionar al PRI para 2027, puede convertirse en una figura fuerte para el 2028.





