Mi vida en Bilbao. Segunda parte

¿Cómo es la vida de una inmigrante mexicana en la Madre Patria? Regina Covarrubias nos comparte más de su experiencia y de cómo hallar un hogar del otro lado del Atlántico, sin sacar a México de su corazón.

Regina Covarrubias Pérez

Como lo prometido es deuda, seguiré contando sobre mi vida en Bilbao, 44 años que se pasan, vistos ahora, muy rápido.

 

“Adaptarse”

Somos las mujeres las que renunciamos a nuestro proyecto de vida para adaptarnos a nuestra vida como esposas y madres (no todas); las circunstancias mandan.

Después del nacimiento de mi hijo, en 1980, me dediqué a su crianza y a la vez insistía con la validación de mis títulos. A pesar de eso, seguía con el dolor de estar lejos de mi tierra y de mi gente; después supe que eso se llama “Síndrome de Ulises”. 

Luego me enteré de un grupo en mi barrio que se llamaba Centro de Promoción de la Mujer y me inscribí: impartían clases y charlas sobre varios temas. Algunas mujeres mayores iban a clases para aprender a leer y escribir, habían vivido la guerra civil. 

Un día me comentó la directora del centro que la maestra que las atendía tomaría unos días de baja, por lo que me preguntó: “Tú eres maestra, ¿verdad?”. Le dije que sí y me pidió sustituirla unos días. “Yo encantada”, respondí. Aunque las mujeres no me aceptaron de muy buen agrado, me decían: “Si tú hablas mexicano, ¿cómo nos vas a enseñar el español?”. Les dije: “Tengo acento mexicano pero mi idioma es el español”, y así medio aceptaron. Pero un día a una de ellas se le cayó el lápiz y me dijo: “¡Regina, me se cayó el lápiz!”; lo levanté y les dije a todas: “Vamos a aprovechar para introducir algo de gramática: en esta frase que acaba de decir la compañera, se tiene que decir: ‘Se me cayó el lápiz’; recuerden esto: la semana antes que el mes: ‘se me…'”, y así quedó, no me dijeron nada.

Al día siguiente me llamó la directora para decirme que ellas no querían que les enseñara, que ya llegaba la otra maestra porque yo no sabía hablar el español; cerró un ojo y me dijo: “Son mayores y sin estudios, ¿comprendes? Les tocaste el orgullo“.

Seguí con el grupo de las charlas y un día programaron una excursión a Navarra, al castillo de Javier, y me dijeron: “Vienes, ¿verdad?”. Les dije: “Voy a preguntarle a mi esposo” y asombradas me contestaron: “¿¡Qué!? Tú sólo dile: ‘el sábado voy con el grupo a una excursión’, no le des tiempo a más”. Y así lo hice: llegué y le dije a mi marido: “Voy este sábado con el grupo a una excursión”, a lo que me contestó: “¿Con permiso de quién!?”. Le pregunté: “¿Eres mi padre o qué?”. Él solo se rio, me miró y dijo: “Si me casé con una mexicana es porque son mansas”; le respondí: “Ya… Somos mansas, ¡pero no mensas!”, y me fui a la excursión donde lo pasé muy bien.

 

Dando clases de teatro en el tiempo libre

Cuando mi hijo entró a la primaria, en la asociación de padres de familia se propuso impartir clases de alguna actividad en el tiempo libre, o sea, saliendo de clases. Yo me ofrecí para dar clases de teatro y preparar un grupo, añoraba la enseñanza y vi mi oportunidad; no eran horas pagadas, pero para mí era muy valioso volver a enseñar a los niños. 

Daba dos días a la semana, una hora; preparamos una pequeña obra que se presentó en el fin de año escolar y fue algo inolvidable, pero luego llegó el futbol y los chicos y padres lo prefirieron.

 

Mi participación en un concurso de televisión

Era 1988 y ya habían pasado varios años sin poder ir a Monterrey, teníamos problemas de trabajo y económicos; salió un concurso en televisión y vi mi oportunidad de ganar un dinerito para ir a ver a mis padres y familia. 

Llamé al programa “La vida sigue”, tenía que conseguir otra persona que fuera conmigo, uno de los requisitos era que tenía que ser más joven que yo y convencí a la novia de un sobrino político para ir; era un concurso de música latinoamericana y temas de actualidad

El día del concurso nos presentamos en Madrid, en avión, con gastos pagados y nos esperaban para llevarnos a un hotel cinco estrellas. El presentador del programa era Joaquín Arozamena, un señor muy educado y amable, un gran profesional de la televisión. 

En la parte de la música no tuvimos suerte, nos tocó música de Brasil y a los otros concursantes música mexicana, así que en la segunda parte no fallé ninguna respuesta, ya que había estado leyendo mucho sobre temas de actualidad. Teníamos buena suma de dinero pero había que ir a doble o mitad y nos quedamos con la mitad; de todas formas me alcanzó para mi viaje soñado y mi compañera pudo comprar un local pequeño.

 

Mi llegada al grupo chileno “Pablo Neruda”

Por medio de una amiga del barrio, cuyo marido era chileno, llegué a la asociación y grupo de baile chileno; le pregunté si podría bailar mi folclore con ellos y aceptaron. Yo ensayaba lo mío y cuando ellos tenían alguna actuación, me invitaban a participar; en una ocasión fuimos a un festival en Ermua y presentaron al “Grupo Chileno Millantu”, bailaron su folclore y cuando tocaba mi turno, el presentador, que era Julio Flor, un locutor muy conocido, me presentó como “Grupo Mexicano Azteca”, le hice señas para que se acercara y le dije: “Solo soy yo”, fue al micrófono y dijo con mucha gracia: “Está formado por una sola persona que nos llenará con su arte el escenario”.

Rigoberto Jara, tío del cantante y compositor Víctor Jara, me habló de una coordinadora de asociaciones que empezaba su andadura porque ya se estaban formando nuevas asociaciones, como yo traía esa idea fui y por medio de él llegué a una asociación llamada “Mujeres del Mundo“, que se estaba formando e inauguraban su local, ahí fue que entre a formar parte de esa asociación.

 

Mi participación en talleres

“Mujeres del Mundo” ha sido el motor de muchas actividades en las que nos pudimos involucrar mujeres llegadas no solo de Latinoamérica, sino de muchas otras partes del mundo. En algunos talleres en los que participé, que fueron charlas culturales, folclore, bailes típicos y gastronomía de mi país, íbamos invitadas por las escuelas primarias y universidades, dando a conocer nuestra experiencia migratoria.

En una de esas charlas en una universidad, hablando de mi país y mi llegada a España, salió una voz entre el público que me dijo: “¡Estás en el País Vasco!”, le dije: “Perdona, mi pasaporte dice España, y sé que llegué al norte de España, pero no sabía que su división política era otra, así que me disculpo”. Para mi asombro, todos empezaron a aplaudir y pude seguir sin más. 

Luego, en el mismo Ermua se hizo una exposición sobre Frida Kahlo y su mundo y me invitaron a ser una de las ponentes; también participé dando talleres a los niños, a quienes enseñé a hacer piñatas, a cantar canciones y juegos mexicanos, todo eso ya como Asociación Azteca.

 

Emisoras de radio

Participar en programas de radio fue una experiencia rica que me permitió conocer profesionales muy interesantes y personas inmigrantes de diferentes países, uno de ellos fue Xabier Lapitz, de radio Euskadi, donde colaboramos durante tres años en el programa “El Altavoz”, en el espacio “Los otros vascos”. 

En Klaret Irratia, en el barrio de San Francisco, la periodista Soraya Suárez, que también pertenecía a “Mujeres del Mundo”, coordinaba el equipo en el que participábamos, en él estaban además Marta Eugenia Fernández Dorotea, Claudia Rodríguez, Susana Martín e Iñaki Espiga. El programa se llamaba “Punto de Encuentro”. 

En 2003 se unieron los dos programas en una puesta en común desde el barrio de San Francisco, en una emisión especial para celebrar que cumplían tres años saliendo en las ondas. Eran dos programas en los que se tocaban todos los temas de inmigración y participaron inmigrantes de diferentes países que se acercaron a la parroquia del Sagrado Corazón de María.

Estos son algunos apuntes de mi viaje de vida por estas tierras, tendría todavía temas pero ya no les canso, espero les gusten. Actualmente tengo una propuesta para enseñar folclore mexicano en el barrio, la voy a entregar para ver si empiezo en octubre, pues difundir mi cultura es mi pasión.


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