No es Baptista, es su patrón

DELIRIOS DE PODER. Ricardo Baptista se ha creído un personaje político de peso en el estado de Hidalgo, cuando en realidad no pasa de ser un simple empleado del gran jefe del Grupo Universidad: Gerardo Sosa. La verdad duele.

El enfrentamiento entre el gobernador Omar Fayad y el presidente de la Junta de Gobierno, Ricardo Baptista, es medio verdad, porque el señor Baptista, dada su dependencia al Grupo Universidad y la obediencia a su patrón, que es el licenciado Gerardo Sosa, en realidad no representa ni al Congreso, ni a la diputación de Morena y menos al pueblo de Hidalgo; el diputado solamente es empleado de un grupo político que no puede (aunque lo intente) dictar líneas de conducta al estado y a un gobierno legítimamente elegido.

El problema no es con Baptista, porque lejos de la soberbia que tuvo para llamarse “par del gobernador”, evidentemente no representa al estado de Hidalgo por su actuar faccioso y abusivo, motivo por el cual mucha gente lo rechaza.

Baptista es un empleado del Grupo Universidad, del patrón de este grupo que lo sacó de su trabajo de maestro para hacerlo diputado sin importarle el agandalle contra los morenos de verdad. En obediencia total a su jefe, le ha servido desde el Congreso atendiendo sus órdenes para un manejo mafioso del presupuesto, apoderándose de 750 millones con destino electoral, es decir, dinero que irá para obras en los municipios que les interesa ganar el 7 de junio de 2020 y de pasada, para la universidad del mandamás.

Cuando la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda comenzó la investigación de varios millones de pesos de origen inexplicable, Ricardo Baptista puso al Congreso a las órdenes del jefe, que acudió ante sus diputados a defender su inocencia. Es, sin duda, un servidor agradecido y obediente, pero de eso a sentirse el par del jefe del Ejecutivo, como que no va, porque no tiene la estatura y porque su dependencia de Gerardo Sosa deja mucho que desear.

El enfrentamiento no es con él y lo sabe. La verdadera diferencia es entre el gobernador y el jefe del Grupo Universidad. Sosa nunca le va a perdonar a Fayad que ejerza el poder que el pueblo le dio y que no acepte intromisiones en su gobierno de un grupo como el suyo, que después de lo ganado en las elecciones se sentía el dueño de Hidalgo.

Para entendernos: Sosa sí se sentía par del gobernador y como tal pretendió actuar a través de sus diputados peleles, con los que inició una serie de acciones con las que quiso imponer ciertas políticas que al final lo único que lograron fue exhibir a un político rencoroso y vengativo que a nadie convenció, salvo a sus incondicionales. Fayad, por su lado, es uno de los mejores gobernadores del país, con obras y acciones históricas en nuestro estado.

Al final de las cosas, lo que habla de alguien que se dedica a la política son sus acciones, y en la balanza todo indica que Omar Fayad le lleva mucha ventaja al exrector universitario, sobre todo porque entre sus logros está la cercanía que tiene con el presidente, mientras que Sosa cada vez está más y más lejos de López Obrador.

Gerardo Sosa ha intentado ser gobernador por lo menos tres veces, pero el PRI ni la candidatura le dio; a lo mejor pensó que Morena le daría esta opción, pero ya se ve que no: los morenos de verdad despertaron y no dejarán que otra vez los roben, y además el presidente no se ve dispuesto a darle más poder a la garza.

Esa es la lucha real en nuestro estado, donde los peones y alfiles también juegan y donde Baptista no deja de ser un peón obediente, pero sin el poder ni la personalidad para pelear en ligas mayores. La historia recogerá su paso por el Congreso con juicios de servilismo al patrón y poco peso en favor del estado, pero con soberbia de sobra hasta pensar que era lo que desde luego no es.

La lucha es entre otros personajes y Baptista no está en esa lista por falta de talla y peso. Se trata de una batalla entre pesos completos y el de Tula si acaso es peso grillo. Y así… no se puede.

Autor: Adalberto Peralta Sánchez

Nací el 11 de mayo de 1946 en un pueblito que tiene una laguna con patos y un parque con bancas con el nombre grabado del donante. Una de esas bancas tiene el nombre de mi padre. Estudié Filosofía y ejerzo el periodismo desde hace varios años. Colaborar con mi hijo en EFFETÁ me llena de orgullo. Trataré de hacerlo bien.


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