Notables adaptadores

Roberto Schneider y Alejandra Márquez, en Los Jueves de Cine en la Casa Buñuel, hablaron sobre la labor de convertir libros en películas.

La tercera entrega de Los Jueves de Cine en Casa Buñuel nos mostró la dificultad que tienen las adaptaciones cinematográficas.

Roberto Schneider, con una escasa pero selecta filmografía, confesó lo difícil que fue adaptar a Jorge Ibargüengoitia, Ángeles Mastretta y a José Agustín en Dos crímenes, Arráncame la vida y Me estás matando, Susana. Sobre este último caso confesó que se arrepiente de haber aceptado cambiar el título de Ciudades desiertas, aunque en ese momento había una cinta de Gael García Bernal que se titulaba Desierto y los productores le dijeron que el público se podía confundir.

Alejandra Márquez, la arielada directora de Las niñas bien, dijo que partió de una serie de crónicas de Guadalupe Loaeza para hacer su guion y que la autora quedó tan complacida que hizo un nuevo libro sobre el proceso.

El moderador, Flavio González, coincidió en que el director tiene que dar su propia interpretación a la obra, “pues una cosa es el libro y otra la película”.

Schneider recordó que cuando hizo Dos crímenes Ibargüengoitia ya había muerto, pero que con Ángeles Mastretta hubo muy buena cooperación. Márquez afirmó que también tuvo una colaboración fructífera con la autora. Ambos coincidieron en que las adaptaciones están mal pagadas, a pesar de que son un aspecto muy importante de la cinematografía, y en que hay algunas obras que son casi inadaptables.

Flavio contó una divertida anécdota sobre Terry Gilliam, quien tras 20 años de intentar hacer un filme sobre El Quijote, le confesó que no había leído el libro.

Autor: Jorge Carrasco V.

Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.


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