Taxis: la tarifa del desorden

El asunto es que con los taxis ya no se sabe, porque en la práctica las personas usuarias no saben cuánto deben pagar, no tienen cómo comprobar si el cobro fue correcto y terminan negociando el viaje como si se tratara de un servicio informal, no de transporte público concesionado. Ahí empieza el abuso.

El aumento al transporte colectivo abrió una puerta que era muy previsible: si las combis subieron, los taxis iban a levantar la mano. No hacía falta ser adivino. Después de meses de hablar del pasaje, era cuestión de tiempo para que el gremio de taxistas reclamara lo que creen suyo. El problema es que en Hidalgo el taxi no nada más es un asunto de precio; es de orden, de reglas claras y de servicio.

 

El gobernador ya fue claro: no hay autorización para que los taxis suban tarifas y, hasta ahora, el único aumento aprobado fue para el transporte colectivo. El asunto es que con los taxis ya no se sabe, porque en la práctica las personas usuarias no saben cuánto deben pagar, no tienen cómo comprobar si el cobro fue correcto y terminan negociando el viaje como si se tratara de un servicio informal, no de transporte público concesionado. Ahí empieza el abuso.

 

La Secretaría de Movilidad y el propio gremio de taxistas han reconocido que hay cobros excesivos (¡joya!) y que se revisan opciones como taxímetros físicos, tarifas fijas por zonas o una aplicación. También se ha dicho que el banderazo oficial es de 38 pesos por los primeros cuatro kilómetros y tres pesos por kilómetro adicional, pero en la realidad algunos operadores llegan a cobrar hasta 60 pesos desde el inicio del viaje. Entonces no estamos hablando de una percepción ciudadana exagerada sino de un desorden que ya está identificado por la autoridad.

 

Parte del problema viene de una mala decisión heredada: Taxi Contigo. Aquella aplicación que se vendió como modernización terminó convertida en un estorbo administrativo. Según lo que las autoridades han referido, el contrato fue firmado por diez años y estaría vigente hasta 2029, aunque la app en la realidad social no opera. El resultado es absurdo: ni taxímetro digital real, ni tarifa clara, ni aplicación útil, ni certeza para el usuario.

 

Ante esta realidad, muchos taxistas se mueven cómodos en la confusión. Cobran “como vean al usuario” o “lo que siempre se cobra” y todavía, cuando se habla de regular o modernizar, aparece lo de siempre: ah, pero que no entre Uber, que no haya competencia, que no haya app externa, que no haya taxímetro. Eso sí: tarifa más alta, cuando se pueda y si llueve, más.

 

El taxi en Hidalgo necesita orden, pero orden de verdad. Si el gremio quiere mejores ingresos, primero tiene que ofrecer un servicio más confiable, transparente y digno. Si la autoridad quiere poner orden, tiene que dejar de administrar el problema por partes. Porque al final, la ciudadanía es la que paga el viaje, el abuso, la falta de claridad y las malas decisiones. Bonito negocio cuando el usuario termina pagando la tarifa del desorden.






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