Políticos de piel delgada

Quienes tienen una responsabilidad pública porque son funcionarios, tienen dos posibilidades: cumplir con su responsabilidad o fallar, y en ambos casos en su calidad de gente pública están en la mira de periodistas que escribirán una cosa u otra, según el actuar del señor o de la señora funcionaria.

No hay de otra, porque además sus acciones son observadas por todo mundo.

SE ENOJAN
Sin embargo, el hecho de que los periodistas cumplan con su trabajo y señalen lo que son, no siempre es bienvenido, pues se da el caso de que mientras hablen bien de los funcionarios todo es correcto, pero si señalan sus fallas estalla su ira y su enojo, y califican al comunicador de “fifí” o hasta mentiroso, porque nadie acepta que está fallando, porque todos en el espejo de la vanidad se ven perfectos.

Y así hemos visto cómo el mismo presidente electo, cuando algo no le gusta de la prensa que no se une a sus aplaudidores, descalifica porque desde su punto de vista saca de contexto sus declaraciones y busca las manzanas podridas y los califica de camajanes y prensa fifí que quiere frenar el cambio.

El electo es de piel delgada y se ha lanzado fuerte contra la prensa que lo critica y que encuentra eco en sus senadores, que acaban de aprobar que los legisladores tengan menos tiempo en sus intervenciones.

De hecho, los quisieran mudos para no hacer corajes y nada mejor que quitarles el micrófono.

Preocupante su actitud porque ya como presidente propicia un escenario difícil para la prensa y la libertad de expresión.
Lo malo es que el ejemplo cunde y nuestro estado no es la excepción en cuanto a reacciones y actitudes de quienes sienten una crítica o un señalamiento sobre su actuar público como un ataque o trabajos hechos a modo o por encargo de alguien para lastimar sus brillantes carreras, y más si la oficina a su cargo mantiene convenios de publicidad en la lógica de un expresidente que argumentaba que no pagaba para que le pegaran, lo cual se debe interpretar como “te pago para que me alabes o te hagas de la vista gorda”.

Les cuesta mucho entender que una prensa crítica y profesional les ayuda a mejorar porque les señala los flancos donde fallan o las acciones y actitudes que deben componer para servir con eficacia, honestidad y con resultados a los ciudadanos, y que de nada les sirve una prensa aplaudidora y cómplice de fallas que intente tapar el sol con un dedo, o peor tantito, que quiera desvirtuar la realidad.

La reacción de los piel delgada se manifiesta en reacciones contra el comunicador que les señala las fallas con las que le muestran que están molestos y que reprueban su trabajo, buscando dejar claro, sobre todo en las conferencias de prensa, que los van a ignorar o bloquear en su trabajo.

Olvidan que si no están de acuerdo tienen el derecho de réplica para aclarar o decir su verdad.

Uno de estos funcionarios “piel delgada” es la presidenta del IEEH, Guillermina Vázquez Benítez, que siente que una crítica o señalamientos son faltas de respeto.

La verdad puede ser dura, pero es la verdad.