¡Por favor, señor López Obrador!

¡YA NI LA…! Es hora de que el presidente de 130 millones de mexicanos se ponga serio y afronte las dificultades del país con madurez y templanza, que para berrinches no estamos.

Tal vez llegue el fin del sexenio y Andrés Manuel López Obrador no cambie ese estilo retador, desafiante, irrespetuoso, grosero, inapropiado al referirse a temas que tienen que ver con su gobierno. Aunque millones de mexicanos se lo aplauden, también es cierto que no son pocos –y parece que cada vez son más- los que rechazan terminantemente este vocabulario del hombre que es, hoy por hoy, el político más poderoso del país.

No hay necesidad de retroceder mucho en el tiempo para sustentar lo que aseveramos, basta con recordar algunas de sus posturas de días recientes. Decir, por ejemplo, que es inmune a un golpe de Estado, cuando creemos que ni los peores de sus enemigos están pensando en ello, de plano desconcierta a la sociedad.

Estamos convencidos que derrocar a un gobierno legítimamente instalado en el poder no puede darse en pleno siglo XXI en un país como el nuestro, cuya historia bañada en sangre con movimiento armados como la Revolución y la Independencia, cimentaron una nación con diferencias ideológicas muy serias, pero con capacidad e intelecto para resolverlas no a través de las armas ni con la destrucción de sus instituciones.

¿Por qué pretende López Obrador curarse en salud con expresiones de este tipo?  ¿A quién va dirigido el mensaje? Tienen razón algunas voces importantes cuando le exigen que diga a quién se refiere con ese tipo declaraciones que ponen en duda que al decirlo en sus redes sociales haya estado en sus cabales.

Por otro lado, a más de uno dejó con el ojo cuadrado cuando a media semana se confrontó con algunos periodistas por el tema de Culiacán, y oír para creer un dicho que, si bien no es propio, sí lo hizo suyo: “Le muerden la mano a quien les quitó el bozal”. Pero no conforme con esa desafortunada frase, al tratar de justificar su dicho, agregó que no había pretendido ofender a alguien, porque él “respeta mucho a los animalitos”.

Está claro que desde siempre López Obrador ha descalificado el trabajo de periodistas que se atreven a cuestionar su tarea como presidente. Y, claro, sus seguidores no bajan de chayotero al comunicador que critica alguna acción u omisión del político tabasqueño. Es increíble que a estas alturas el presidente de todos los mexicanos destile tanto rencor y encono contra quienes no piensan igual que él.

¿Adónde vamos a llegar? Ésta es una pregunta que preocupa a muchos. Nos queda claro que, en las condiciones del México actual, el presidente debe convocar a la unidad, en el discurso y en las acciones; debe entender que una prensa crítica le hace bien a su gobierno para guardar los equilibrios tan necesarios en un país en donde la democracia y la libertad son piedras angulares para garantizar la paz y el desarrollo en plena armonía.

Vemos que con sus discursos sólo crea enconos en diferentes sectores de la sociedad. Basta analizar las opiniones de empresarios, que generan empleo a muchos mexicanos. Bueno, tan sólo tratemos de entender el discurso de un militar de alto rango cuando en un reciente evento público dijo que “las decisiones del presidente inquietan y eventualmente ofenden a los soldados”.

Y vaya que no solamente es un sector de empresarios y militares el que disiente de las políticas de AMLO. Vale la pena preguntarle a médicos y directivos de hospitales públicos, o a la gente del campo, o a los cientos de exempleados del gobierno, o a los presidentes municipales que fueron “atendidos” con gases a las puertas de Palacio Nacional y ni qué decir a periodistas difamados, descalificados por incómodos y acusados de chayoteros. Y la lista se puede alargar más.

A final de cuentas, los mexicanos estaríamos menos preocupados si AMLO, con esta belicosa actitud, hoy guiara a un país hacia mejores niveles de seguridad, o con un crecimiento económico como muchas veces lo prometió, o con menos desempleo.

No obstante, sí le aplaudimos las detenciones de los familiares del corrupto exgobernador de Veracruz; la renuncia del igual corrupto y ahora exlíder petrolero; la del ministro Eduardo Medina Mora; el combate al huachicol, con todos sus asegunes; la austeridad que él mismo predica hasta el exceso, entre otras acciones. Pero ya es tiempo de que cambie su actitud. Que entienda que desde diciembre del año pasado es presidente de 130 millones de mexicanos. Que ya no siembre más rencores ni busque generar ambientes que a nadie –comenzando con él mismo-  benefician. ¡Qué golpe de Estado ni qué nada!, ¡por favor, señor López Obrador!    

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima entrega, pero… Entre nos.

Autor: José Guadalupe Rodríguez Cruz

*Egresado de la UNAM como licenciado en Derecho y Diplomado por el Instituto de Administración Pública de Querétaro y por la Universidad Iberoamericana en Políticas Públicas. *Regidor Municipal en Tula, Secretario Municipal de Tula, Diputado local en la LVII y LIX Legislaturas en el estado de Hidalgo y Presidente Municipal Constitucional de Tula 2000-2003. *Autor del libro “Desde el Congreso Hidalguense” y coautor del libro “Tula... su Historia” *Director y fundador del periódico bisemanario “Nueva Imagen de Hidalgo”, que desde 1988 se pública en Tula, Hgo.



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