¿Quién paga la corrupción de Gerardo Sosa?

Los trabajadores de la universidad representan el eslabón más débil en esta pelea, que corresponde a los altos, altísimos cargos de la UAEH y no a las más de 7 mil personas que cargan sobre sus espaldas con las consecuencias de las ambiciosas intenciones de alguien más.

El viernes pasado todas las cuentas de la máxima casa de estudios del estado fueron congeladas. La sospecha es que la UAEH ha formado parte de una compleja operación de lavado de dinero que involucra a personajes importantes de la escena política nacional y tiene como protagonista al líder del patronato universitario, Gerardo Sosa Castelán.La extrema medida ha inmovilizado los recursos de la universidad, pero, paradójicamente, ha puesto en marcha cada mecanismo de defensa dentro de la organización

El rector de la institución, Adolfo Pontigo, apareció en medios con un mensaje autodefensivo que conmina a la comunidad universitaria a mantenerse unida en este momento tan complejo, pues una de las afectaciones más graves de este bloqueo es la incapacidad de la universidad para cubrir los gastos de nómina de sus empleados y jubilados para el final del mes

Pero, ¿qué pueden hacer los trabajadores?, ¿Cuál es su papel en una lucha que no es institucional, ni laboral, ni educativa? Los trabajadores de la universidad representan el eslabón más débil en esta pelea, que corresponde a los altos, altísimos cargos de la UAEH y no a las más de 7 mil personas que cargan sobre sus espaldas con las consecuencias de las ambiciosas intenciones de alguien más

Aunque, lamentablemente, esto no es nada nuevo para los trabajadores universitarios, acostumbrados siempre a respaldar las decisiones políticas de sus líderes (o líder); a vivir en la incertidumbre de las huelgas, las marchas a las que siempre se les convoca, pero que al final nunca se hacen; a esperar noticias, a escuchar al rector, a defender a su institución en redes sociales, a obedecer.

Pero esos trabajadores no pueden ser juzgados, porque a veces eso es lo que toca cuando lo único que falta para ser exitoso en un país como el nuestro es tener un apellido de miedo y poder.


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