La Huasteca hidalguense, tierra donde por años los apellidos pesaron más que los resultados, enfrenta hoy un golpe histórico. La reforma constitucional que prohíbe el nepotismo electoral no llega en abstracto: aterriza justo cuando, en esta región, varios actores políticos ya se afilaban las uñas para heredar el poder como si se tratara de patrimonio familiar.
En Huejutla aún está por definirse y parece que el alcalde Alfredo San Román es el único que busca un perfil ajeno a su entorno familiar. Dicen que esperará a lo que decida su partido y apoyará con todo a quien sea la persona elegida.
En Atlapexco, la política se había convertido en asunto de familia. Los hermanos Nochebuena Hernández protagonizaron una disputa pública que, más allá del conflicto personal, evidenciaba una constante: la lucha por mantener el control del municipio dentro del mismo clan. Tras el paso de Joel y Antero por la alcaldía, y con Juan de Dios en funciones, el siguiente relevo parecía ya cantado… hasta ahora. La reforma deja sin margen a figuras como Julián Nochebuena, cuya ruta política se desmorona ante el nuevo candado constitucional.
El caso del mediático doctor Carlos César Pérez Escamilla no es distinto. Su aspiración de heredar la presidencia municipal de San Felipe Orizatlán a su esposa, Karen Cruz, queda sepultada por una legislación que ya no permite relevos a modo ni acuerdos de alcoba política. Por lo que están por terminar sus tiempos de echar bravatas y tiros en cantinas de mala muerte.
Y si de cacicazgos se trata, Huazalingo ofrecía uno de los ejemplos más claros: tras la imposición de su esposa en la alcaldía, el siguiente movimiento apuntaba hacia su hermano, Andrés Mejía Hernández, impulsado desde el poder por la actual presidenta municipal, Vanessa Mejía. Una cadena que hoy queda abruptamente interrumpida.
La nueva redacción de los artículos 115 y 116 de la Constitución es tajante, nadie podrá contender por un cargo si mantiene vínculos familiares cercanos con quien lo ostenta. Se acabaron las candidaturas heredadas, los relevos pactados en la mesa familiar y las dinastías disfrazadas de continuidad.
A esto se suma la eliminación de la reelección inmediata de diputados locales, otro golpe directo a quienes ya hacían cuentas alegres para perpetuarse sin rendir resultados.
La Huasteca, donde la política fue durante años territorio de apellidos, enfrenta un punto de quiebre. La reforma no sólo cierra la puerta al nepotismo; abre, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de una competencia real.
En la Huasteca hidalguense tendrán que reinventarse, de lo contrario a partir de ahora no será suficiente con el apellido ni con bolsas de dinero. Hoy, la operación política requiere estrategia y como cada elección siempre hay sorpresas sobre los tapados y los destapados.
Las cosas se irán definiendo, los acuerdos se irán cerrando, pero la Huasteca, siempre ofrece una temperatura muy por encima de cualquier otra región.





