El político del SNTE

En tiempos donde muchos liderazgos creen que hacerse notar es sinónimo de peso, Said Vargas Sáenz ha optado por un perfil más funcional. La Sección XV no ha sido generadora de mayores conflictos para la administración estatal, y en la política hidalguense, donde ya vimos que no pocas veces el problema empieza dentro de casa, eso también tiene valor.

Volvemos a la máxima: la gente quiere eficacia, no estridencia. En Hidalgo, uno de esos casos parece ser el de Said Vargas al frente de la Sección XV del SNTE. No porque su dirigencia haya transcurrido en la invisibilidad, sino porque en este sexenio el sindicato magisterial no se ha convertido en un frente constante de conflicto social, protesta callejera o chantaje político para el gobierno estatal. Esto no es un dato menor, porque si alguien tiene estructura, presencia territorial y capacidad de presión es el magisterio hidalguense.

 

La coincidencia en los tiempos también importa. Said Vargas llegó prácticamente al arranque de esta etapa política del gobierno de Julio Menchaca y lo hizo, además, con una legitimidad de origen distinta a la de sus antecesores: fue el primer secretario general de la Sección XV electo por el voto directo de maestras y maestros, y no bajo el viejo esquema de convención de delegados, marcado más por acuerdos políticos. Ese detalle importa porque le dio desde el principio una base más amplia para conducir al gremio y para relacionarse con el gobierno desde una posición distinta.

 

Y es que cuando el magisterio está en problemas, se nota. Por eso llama la atención que, en estos años, la Sección XV no haya sido protagonista de grandes episodios de desgaste para el gobierno estatal. Más bien, lo que ha predominado en lo público es una conducción más enfocada en la gestión, como se vio recientemente en la entrega de plazas y propuestas para nuevos docentes.

 

Eso no significa, por supuesto, que todo haya sido tersura ni unanimidad. Hubo inconformidades y reproches internos, sobre todo en 2025, cuando docentes cuestionaron su falta de acompañamiento en protestas relacionadas con la reforma al ISSSTE, pero incluso ese episodio dejó ver algo: su apuesta estuvo más en la contención que en la escalada del problema.

 

Recordemos que vivimos tiempos donde muchos liderazgos creen que hacerse notar es sinónimo de pesar, y Vargas Sáenz ha optado por un perfil más funcional. No necesariamente porque su gestión esté exenta de críticas, sino porque, hasta ahora, la Sección XV no ha sido generadora de mayores conflictos para la administración estatal, y en la política hidalguense, donde ya vimos que no pocas veces el problema empieza dentro de casa, eso también tiene valor.

 

Entender que un liderazgo sindical no sólo se mide por cuánto presiona, sino, también, por cuánto resuelve sin necesidad de reventar la plaza pública, ya es en sí mismo un mérito. Porque en este sexenio, mientras otros frentes han producido ruido, desgaste o confrontación, la dirigencia de la Sección XV ha preferido la interlocución, y en política, aunque a veces se note menos, la estabilidad cuenta más de lo que muchos creen.






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