Sosa pierde el Congreso

Gerardo Sosa deja de ser el poderoso en el Congreso por una actuación torpe y llena de soberbia de su representante, Ricardo Baptista, pero finalmente son errores suyos.

Los signos dicen que Gerardo Sosa, el jefe del Grupo Universidad, ya perdió el control del Congreso por la pésima conducción que ha hecho de esta Legislatura el engreído y torpe Ricardo Baptista y porque los verdaderos morenos, por lo menos siete diputados, se han separado de los sosistas con la decisión firme de hacer valer sus derechos partidarios y frenar de golpe los abusos y las humillaciones que de ellos hacen los dizque morenos, empezando por el agandalle escandaloso de las candidaturas para la elección pasada.
Los sentimientos de venganza y revancha irracional del dueño del Grupo, interpretados sin un asomo de sensibilidad por parte de Baptista, su mandadero por excelencia, llevó al desastre los sueños de poder del patrón garza, que empeoraron hasta lo que parece su fase final por el caso con Hacienda y la falta de lectura adecuada del compromiso de AMLO, de la fuerza real del gobernador Omar Fayad y la confrontación absurda contra el secretario de Hacienda y la Secretaría de Gobernación.

La apuesta de Sosa por Baptista fue un error muy grave, pues el señor de Tula se mareó por el ladrillito al que lo subieron, con acciones como ningunear al secretario de Gobierno, Simón Vargas, porque él sólo trata con sus pares, confrontarse con el gobernador, con el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta, con casi todos los diputados y con la prensa que no le aplaude, hasta intentar una ley mordaza para castigar a los periodistas que atenten contra su honor, en una actitud lamentable de intocable y personaje sagrado.

Quien pierde es Sosa, pues todo indica que está muy lejos del presidente, de las posibilidades de poder que ansía por sobre todas las cosas, además de un problemón del que quién sabe cómo vaya a salir.

EN OCTUBRE PIERDEN LA PRESIDENCIA
DEL CONGRESO

Los sosistas han hecho circo, maroma y teatro para quedarse los tres años de la Legislatura con la presidencia  de la Junta de Gobierno y seguir con su política de confrontación con todo mundo, y de manera especial contra el gobernador; sin embargo, se han quedado solos y ya sin posibilidades de manejar a su antojo a los obradoristas, lo que les quita la mayoría para sus intentos de reformar la ley orgánica del Congreso y asegurar su permanencia en la presidencia, porque todo indica que en octubre tendrán que entregar la dirigencia de la Cámara al PRI, como lo marca la ley.
El cambio tenía que ser en septiembre, pero como hubo un tiempo en que la diputada María Luisa Pérez Perusquía estuvo en esa responsabilidad y a efecto de que Baptista cumpla un año efectivo, dejaría el cargo los primeros días de octubre.
Parece que con ese hecho Sosa pierde de manera real el dominio del Congreso y que sus diputados, lejos del cobijo de los morenos de verdad, no pesarán para lo que se proponga en el Poder Legislativo.
Sosa deja de ser el poderoso en el Congreso por una actuación torpe y llena de soberbia de su representante, Ricardo Baptista, pero finalmente son errores suyos. Sin cambio en la ley orgánica, la fuerza de los diez diputados de Sosa (más una diputada del PAN), no es suficiente para ganar las votaciones fuertes del Congreso.
Por lo pronto, lo más seguro es que en octubre se baje del ladrillo Ricardo Baptista y pase a la historia como un personaje absurdo de nuestra política, que pensó que era más grande que el Congreso mismo, que el gobernador y que funcionarios federales.
Las sombras empiezan a caer en el reino garza.

Autor: Adalberto Peralta Sánchez

Nací el 11 de mayo de 1946 en un pueblito que tiene una laguna con patos y un parque con bancas con el nombre grabado del donante. Una de esas bancas tiene el nombre de mi padre. Estudié Filosofía y ejerzo el periodismo desde hace varios años. Colaborar con mi hijo en EFFETÁ me llena de orgullo. Trataré de hacerlo bien.


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