La fase de los objetivos políticos de afiliación y poder orgánico de Morena en Hidalgo, que estuvo precedida del trabajo que iniciara Luisa Alcalde y que llevó a una dinámica de expansión partidista a Marco Rico, no sólo logró la data dura de más de 200 mil afiliados a la estructura guinda, sino, también, aleccionó que la adhesión ciudadana lograda como nueva base militante, condensa que el imaginario colectivo no advierte una fórmula partidista mayor en Hidalgo que no sea Morena.
Marco Rico, como líder de partido en los inicios del sexenio del proyecto de alternancia del ciudadano gobernador julio Menchaca Salazar, experimentó las oscilaciones de un espectro partidista que lo mismo se movía entre las arenas y presiones de los “ex” del PRD y PRI, que en sus mascaradas pretendían retrotraer la historia para infiltrar al partido que consagró el gran Tlatoani de Tabasco, que entre las apremiantes estelas de darle coherencia política a la militancia guinda.
En este trazo, Rico Mercado tuvo en sus espaldas la tarea de construir elementos de cohesión política para un partido que se ha mantenido a la zaga del capital político del ciudadano gobernador y, por ende, asumir la tarea de articular la hegemonía política que ostenta Morena a nivel nacional en la democracia partidista y más allá de ella.
La percepción de la ciudadanía en adhesión al proyecto de alternancia de Menchaca Salazar, estriba en que el ciudadano gobernador condensa las respuestas sociales, que su partido no alcanza a brindar con el peso que requieren las y los hidalguenses, por lo que la tarea de la construcción de la maquinaria política, como diría Gramsci, constituye uno de los retos de Rico Mercado, aún no satisfecho ni en consonancia con el capital político de la gubernatura.
El análisis crítico de este escenario, que enuncia el ascenso político sin precedentes de un gobernador en Hidalgo, como el que se encuentra experimentando Julio Menchaca Salazar, es evidencia de que la política se construye de abajo hacia arriba, dándole el carácter protagónico a la ciudadanía, precisamente, porque de ella emerge el poder político.
Mis únicos y queridos lectores, históricamente no fuimos testigos en Hidalgo de un gobierno como el presente, que lograra la legitimidad y credibilidad social que ha alcanzado el de Julio Menchaca; al grado que todo indica que no sólo garantiza su aprobación social, sino que deja una huella indeleble en un Hidalgo que, por décadas, fue postrado y relegado por una clase política indolente que marginó y edificó dolorosas asimetrías sociales para el pueblo.
El gobernador del pueblo, como ya le llaman a Menchaca Salazar, destaca por su sencillez y humildad, donde una de las características de su gestión es el diálogo frontal y sin cortapisas con su pueblo.
Sin grandes parafernalias ni luminarias como lo enarbolaban las liturgias políticas de los gobiernos del antiguo régimen y su casta enquistada en el poder, el gobernador del pueblo, Julio Menchaca Salazar, recorre en mangas de camisa las tierras de Hidalgo, llevando armonía pública y en una constante visoria del trabajo gubernamental para garantizar el bienestar de las y los hidalguenses, que se vuelcan con muestras de adhesión y afecto.
En este ascenso político, sin precedentes, por cierto, mis únicos y queridos lectores, observemos que cuando el gobernador del pueblo se pronuncia o anda en giras de trabajo, el resto de las noticias de Hidalgo suelen quedar a la zaga, cuestión que ya no es extraña, porque su capital político es la expresión de un pueblo, que le ha entregado un vínculo de identidad a su gestión.
El gobernador del pueblo, Julio Menchaca Salazar, un ascenso político sin precedentes en Hidalgo.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





