En los últimos días en Hidalgo se ha vivido un ambiente político enrarecido, donde son notorios los golpes bajo la mesa entre algunos actores, lo que ha puesto mucha tensión en lo que parece una guerra silenciosa por el poder. Pocos son los que van de frente y, por el contrario, la mayoría se escuda en el anonimato con tal de lograr su cometido.
Hoy, más que nunca, aparecen páginas en redes sociales movidas por manos ajenas que alimentan un ambiente político hostil, donde todas y todos se voltean a ver entre sí con desconfianza. La clase política está incómoda, pero son los tiempos, de aquí al 2028 se leerán contenidos enrarecidos. Lo curioso es que poco del golpeteo viene de la oposición, el resto nace dentro de Morena. Están pagando la cuota de ser el primer partido de oposición en la historia de Hidalgo.
El mensaje oficialista insiste en que hay unidad, aunque en la práctica real ocurre otra cosa, se habla de transformación y la consolidación de un proyecto político rumbo al futuro, pero mientras eso ocurre, por debajo de la mesa se libra una guerra feroz entre grupos, aspirantes y operadores que tienen la mira puesta en las candidaturas para el 2027 y, sobre todo, la sucesión gubernamental del 2028.
Cómo estarán las cosas que cualquier militante de Morena se cree con la posibilidad de construir su candidatura. Eso es por falta de liderazgo del líder estatal, Marco Antonio Rico, porque no ha sido capaz de poner orden y, en ocasiones, actúa tibio porque juega a no meterse en problemas para no quedar mal de un lado o de otro, y no ha podido meter en cintura a ningún nuevo rico emanado de la 4T.
Durante décadas, el movimiento obradorista construyó una narrativa de oposición. Señaló excesos, corrupción, simulación y abusos del viejo régimen priista. Pero una cosa es combatir al sistema desde la calle y otra muy distinta administrar el poder desde las oficinas gubernamentales. Gobernar exige oficio, disciplina, operación política y control interno. Justamente ahí es donde Morena comienza a exhibir sus mayores debilidades.
La falta de experiencia administrativa y política de muchos perfiles hoy está pasando factura. Hay improvisación, descoordinación y una evidente inmadurez para procesar las diferencias internas. Lo que antes criticaban del PRI hoy empieza a replicarse en Morena, sólo que con menos discreción y más torpeza.
La lucha por las candidaturas del 2027 ya comenzó en prácticamente todas las regiones del estado. En algunos municipios hay hasta cuatro o cinco grupos internos peleando el mismo espacio. Nadie quiere quedarse fuera de la repartición del poder. Lo preocupante es que muchos de esos actores ni siquiera están enfocados en resolver los problemas de inseguridad, infraestructura, servicios públicos o desarrollo económico de sus municipios; están concentrados en tomarse fotografías, construir redes sociales y operar políticamente.
Aunque públicamente nadie lo admite, la sucesión ya comenzó. Cada movimiento, cada declaración, cada evento público y cada ruptura interna tiene lectura sucesoria. Hay grupos que intentan imponer desde ahora perfiles, construir alianzas nacionales y debilitar a posibles competidores. El problema es que esta guerra interna podría terminar desgastando severamente al propio Morena.
Hay muchas cosas que están por verse, esto es apenas el comienzo de una guerra intestina por la sucesión del poder. En los comederos políticos no logran descifrar cuál es la jugada que viene, hay quien dice que no hay una estrategia real, hay quien dice que ya se sabe por dónde se va a ejecutar la siguiente jugada.





