Nueva Alianza Hidalgo, el socio inteligente

Sin necesidad de estridencias ni protagonismos, la dirigencia de Juana María Márquez ha buscado desde fechas recientes proyectar orden, presencia territorial y apertura a nuevos cuadros, por eso si los turquesas logran presentarse como el brazo político organizado del magisterio hidalguense, su valor dentro del tablero oficialista será muy alto.

No todos los aliados pesan por hacer ruido, algunos pesan justamente por su calculada discreción. En Hidalgo, Nueva Alianza parece moverse en esa lógica, ya que claramente no es el partido más estridente del bloque oficialista, pero probablemente sea el que más oficio político tiene, desde la clara premisa de ser un aliado constante de Morena y, por cierto, el único en las elecciones locales de 2024.

Esa posición le da congruencia política rumbo al 2027. Los guindas llegarán a la próxima elección local como la fuerza dominante, pero también lo harán con los costos naturales de gobernar y de negociar candidaturas. Ahí, como lo hemos venido diciendo, los aliados importan, pero no todos importan igual. El PT y el Verde han mostrado que pueden acompañar, pero también presionar y encarecer acuerdos hasta en lo público. Nueva Alianza, en cambio, ha mantenido una relación más estable con Morena y con el proyecto político que encabeza el gobernador Julio Menchaca.

Su diferenciador más importante sigue siendo el magisterio. Nueva Alianza no es un partido nacido de una moda, ni de una ocurrencia electoral reciente; tiene una una base política y una estructura en territorio que cómo desearían los demás partidos. En un estado como Hidalgo, donde mucha de la vida comunitaria todavía se construye desde la escuela, el magisterio como fuerza política supone un factor decisivo.

Por eso también importa la etapa que encabeza Juana María Márquez. Sin necesidad de estridencias ni protagonismos, su dirigencia ha buscado desde fechas recientes proyectar orden, presencia territorial y apertura a nuevos cuadros, por eso si los turquesas logran presentarse como el brazo político organizado del magisterio hidalguense, su valor dentro del tablero oficialista será muy alto.

Claro, Nueva Alianza tiene que demostrar que no sólo es útil para Morena, sino relevante como partido en lo individual para su propia base. Su reto no es únicamente volver a competir con su socio político, sino construir una narrativa política que legitime esta medida. Si los aliancistas deciden acompañar nuevamente al partido en el poder en la próxima elección, deberán cuidar el no diluirse políticamente dentro de él.

Mientras otros aliados tensan la cuerda, buscando cobrar caro su acompañamiento de cara al 2027, Nueva Alianza puede ofrecerle a Morena madurez y estabilidad política. Al final, en estos tiempos donde muchos quieren parecer indispensables a punta de presión, los turquesas pueden encontrar su mayor fuerza en algo más rentable: ser el aliado inteligente.






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