¿Criterio político?

La cuestión fundamental es cómo terminar con la pobreza y el sometimiento que padece la ciudadanía, pues claro está que no se puede apelar a la buena voluntad de los gobernantes.

Entre gobiernos de derecha e izquierda oscila la realidad política de América Latina, sin que hasta ahora exista una fórmula definitiva de conducción del gobierno que garantice la dignidad humana como principio de toda realidad del poder público.

Las décadas pasan y no existen garantías para poder construir un escenario donde la pobreza y la desigualdad de oportunidades desaparezcan de los imaginarios sociales; por el contrario, nos encontramos en un vaivén de promesas políticas de gobierno en gobierno y la realidad no cambia, más aún: en la mayor parte de los casos, en diferentes países apreciamos miseria en la mayoría de sus habitantes, acompañada de una constante explotación del tejido social desposeído, todo ello al amparo de gobiernos que se autonominan de derecha o izquierda.

¿Qué le ha pasado a la humanidad? La respuesta es contundente: existe un empobrecimiento de las relaciones sociales, es más: se han vuelto utilitaristas en un posicionamiento de las relaciones sociales de mercado, que son las que priman para asegurar una gama de valores materiales que se encuentran casi por encima de cualquier postura axiológica de solidaridad y empatía social.

Esta degradación ha permeado en diferentes condiciones de los gobiernos, al grado que no existe un verdadero posicionamiento de un pensamiento de dignidad humana que opere como guía de pensamiento político y concreción de la tarea pública; habitualmente, nos encontramos con retóricas políticas que oscilan, invariablemente, en el auxilio y ayuda de los que menos tienen, pero en los hechos la realidad sigue siendo cruenta y absurda, sórdida en grados de depresión social.

Es evidente que no se puede apelar a la buena voluntad de los gobernantes, ello implica desechar los problemas estructurales de la concepción del poder político y económico en nuestra sociedad; sin embargo, tampoco es viable apelar al poder político del pueblo y su soberanía frente al poder público, porque lo que vemos en los hechos es que el pueblo es tan retórico en su proceder como lo son los discursos sobre él. Es claro que la ciudadanía no tiene el poder y no lo ha tenido en el marco de una ingeniería constitucional que es letra muerta, en la cual lo que menos opera es la voluntad del pueblo.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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