Cuando el derecho es un privilegio

Desafortunadamente, vivimos en un país en donde el derecho se aplica de manera selectiva y beneficia, como siempre, a las clases privilegiadas.

La sociedad ha sido atropellada por el peso de los privilegios de las élites en los usos y control del Estado, donde la legalidad y la aplicación del Estado de Derecho es, desde hace siglos, un privilegio del que solo disfrutan los grupos de poder.

 

Hoy, que la sociedad en México cuestiona los alcances de seguridad y la transversalidad de la misma en manos del Estado, lo que se pierde de perspectiva es que la legalidad imperante se aplica de manera discrecional y, por ende, selectiva, porque las resoluciones y resultados de la impartición de la justicia son evidentes y desoladores, aunado a que la violencia y los delitos crecen de manera exponencial y rebasan cualquier lógica y capacidad de respuesta de las instituciones.

 

Sin embargo, no es nuevo que el derecho y su legalidad en México, así como en innumerables países, se aplica como un privilegio de los sectores de élite que controlan y utilizan al Estado, mientras que la mayor parte de la población no cuenta con la ayuda legal ni su amparo, por lo que cualquiera la vulnera y quedan los delitos en la más pura impunidad.

 

Por si fuera poco, la variable de la impericia de los cuerpos de seguridad que actúan como cuerpos de opresión social (policías y milicias) hacen parecer a cualquiera como culpable de un delito frente a la sola sospecha, pasando incluso a perseguir a cualquiera que ande a pie. Por ello, muchos cuerpos de seguridad pública en realidad generan violencia e inseguridad.

 

En esta lapidaria realidad, también la cultura de la legalidad juega un papel crucial en el uso del derecho como privilegio; la ciudadanía suele no organizarse y exigir que el Estado prevenga el delito, que genere una educación para la paz, cooperación y armonía social, y es por ello que no para la violencia, la individualidad y la competencia, sembrando así la semilla de la maldad.

 

Si nuestro sistema educativo brindara elementos para la cooperación social y no la competencia, crearíamos ciudadanos que se mirarían como armonizadores de las tareas de diversa índole, no solo del trabajo, sino de la realidad social, pero esto no sucede, por lo que el derecho es un privilegio.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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