La nueva revolución mexicana

En México sigue siendo necesario hacer la revolución, pero dejar de lado la violencia y optar por la empatía y el respeto desde y hacia los individuos.

El pasado 20 de noviembre se conmemoró el aniversario de la Revolución, hito en la historia de nuestro país que transformó la realidad nacional a gran escala hace más de un siglo. En pleno 2021, pensar la revolución es un ejercicio obligado y necesariamente crítico. 

Si bien las revoluciones logran su impacto gracias a la movilización colectiva de personas, es la escala individual la que hoy exige otro tipo de desobediencias. En el contexto tan peculiar al que nos han traído las viejas revoluciones, el feminismo, los movimientos independentistas o las luchas por los derechos humanos, es vital repensar esas experiencias de la desobediencia y mirar su impacto al nivel de las personas. 

Ser feminista, ser tierno, ser amable. Ser tolerante, ser respetuoso, ser responsable. Esas son las revoluciones que acontecen a escala individual, las que día a día nos permiten resistir en un mundo con tantos desequilibrios. México necesita de esas reivindicaciones personales que ejerciten la empatía, que permitan construirnos una nueva forma de ser personas y de ser ciudadanos. 

La nueva revolución mexicana está obligada a separarse de las viejas nociones de lo que se define como revolución: “un cambio violento y radical en las instituciones políticas de una sociedad”, porque ahora el cambio necesita ser todo menos violento y requiere de una radicalidad situada, ¿en dónde?: en el cuerpo, en lo que consumimos, comemos y queremos. La nueva revolución habrá de suceder en el cuerpo, en los cuerpos  situados que habitamos un México con siglos de violencia a sus espaldas. 


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