La violencia social

En medio del caos por la pandemia, la humanidad puede tener una certeza: la violencia social no encontrará freno en los gobiernos, más rebasados y miserables que nunca.

El fracaso del Estado neoliberal para encauzar los intereses de clase ha sido develado por la pandemia y los apetitos de mandar al tejido social a las fuentes de trabajo, pese a que la muerte no se contiene y advierte que las personas son prescindibles, al menos aquellas que están en la parte inferior del mando de la cadena productiva.

El manejo absurdo de una pandemia que lo mismo ha causado muerte que desempleo, enfermedad y desamparo, está propiciando una violencia social que se habrá de manifestar de manera orgánica con protestas que intentarán exigir una respuesta del Estado, o bien, violencia vandálica y delictiva por la supervivencia.

La parte sustantiva de todo esto es que la crisis que vivimos puede devenir en una huelga política, donde diferentes sectores sociales oprimidos y explotados se unan para exigir del gobierno el cese de las lógicas políticas y económicas que han primado históricamente; ello, porque ninguna sociedad es tan ciega para no advertir que, mientras grupúsculos de poder viven en la jauja gracias al trabajo de la mayoría, ésta vive en la miseria y ni la vida tiene asegurada para el día de mañana, por lo que la idea de arriesgarse en una protesta por reivindicación social no está lejana, pues no hay nada que perder.

Ante este oscuro panorama, diversos gobiernos están tratando de coquetear con los sectores medios de la sociedad para otorgar adelantos de pensiones o fondos para el retiro, lo cual no muestra siquiera un compromiso de Estado con la sociedad, ya que el trabajador tendrá acceso a su propio dinero, pero en detrimento de su porvenir en el retiro y la vejez.

La cruenta y brutal realidad advierte que el Estado no sacrifica sus recursos por los que menos tienen, que son la mayoría, sino que está dispuesto a sacrificar a su pueblo con tal de responder a los intereses de las élites del poder. Pero cuidado, el pueblo ya no tiene nada que perder, si es que lo tuvo alguna vez, por lo que la violencia social crece y se reproduce con la ferocidad del animal herido y, si encuentra pedagogía política, puede alterar el curso de la historia.

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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