Perder ya no les dará una regiduría

La reforma todavía dará mucho de qué hablar. Falta observar cómo terminará de aterrizarse, qué hará el IEEH con sus afamadas reglas de postulación y cómo responderán los partidos cuando las modificaciones dejen el papel y comiencen a afectar candidaturas y aspiraciones concretas.

Por fin hay reforma electoral en Hidalgo y, para no perder la bonita costumbre, llegó prácticamente con el reloj encima, aunque dejó fuera algunos de los temas que habían acaparado la discusión pública –como el esquema de 42 municipios reservados para candidaturas de mujeres– sí modificó varias reglas que tendrán consecuencias políticas para el 2027. De entrada, habrá ayuntamientos más pequeños, una sola sindicatura, cambios en los tiempos para registrar y sustituir candidaturas y modificaciones respecto de quienes pueden entrar a una regiduría plurinominal. Claramente no fue una refundación del sistema electoral hidalguense, pero tampoco fue una reforma tan descafeinada.

Entre esos cambios hay uno que pasó relativamente silencioso y que probablemente agradecerán muchos futuros alcaldes, que es el hecho de haber desaparecido la prelación que permitía que quien perdiera la candidatura a la presidencia municipal pudiera terminar integrado al ayuntamiento como regidor por la vía de representación proporcional. Ahora, el reformado artículo 211 del código electoral hidalguense establece que esas regidurías serán asignadas directamente a quienes fueron registrados como candidatos a regidores, siguiendo el orden de la planilla. El propio dictamen reconoce expresamente que se sustituye la prelación de la candidatura derrotada a la presidencia municipal por la de quienes compitieron específicamente por una regiduría.

La clase política se ganó este cambio a pulso. En más de un municipio, el candidato derrotado terminaba como regidor sentado frente al alcalde vencedor durante los siguientes tres años y convertía el Cabildo en la prolongación de una campaña que técnicamente ya había terminado. Desde luego, la oposición dentro de los ayuntamientos no desaparece, ya que el nuevo diseño mantiene regidurías de representación proporcional para las distintas fuerzas políticas. Lo que cambia es quién las ocupa, entonces, en otras palabras, seguirá existiendo el contrapeso político, pero el excandidato a presidente municipal ya no tendrá asegurado un asiento desde el cual continuar una elección perdida.

Eso puede ayudar a disminuir algunos enfrentamientos personales enquistados en los Cabildos, aunque también cambiará los cálculos dentro de los propios partidos. A partir de ahora importará mucho más el lugar que cada aspirante consiga en la lista de regidurías, porque la reforma ordena que la asignación siga precisamente ese orden. La famosa regiduría número uno dejará de ser un espacio secundario en muchas negociaciones internas y, en consecuencia, contender por una presidencia municipal será un sano todo o nada.

La reforma todavía dará mucho de qué hablar. Falta observar cómo terminará de aterrizarse, qué hará el IEEH con sus afamadas reglas de postulación y cómo responderán los partidos cuando las modificaciones dejen el papel y comiencen a afectar candidaturas y aspiraciones concretas.