Sororidad selectiva

Vivimos en una sociedad desigual, injusta, llena de abusos, violencia y guerra entre géneros, por ello es urgente hacer un alto en la incongruencia personal y pública.

Sororidad: hermandad entre mujeres con respecto a las cuestiones sociales de género; derivado del latín soror, que significa “hermana”. Así dice el diccionario cuando buscamos el término que a últimas fechas he encontrado tanto en artículos de opinión, redes sociales y un largo etcétera; sin embargo, me ha sido sumamente complicado hallar el significado real de la palabra: el que se sustenta con hechos, no con discursos.

Vivimos en una sociedad desigual, injusta, llena de abusos, violencia y guerra entre géneros, por ello es urgente hacer un alto en la incongruencia personal y pública. Partamos de una verdad que, por desgracia, es inútil ocultar: la gente miente, la cuestión es que algunos lo hacen por supervivencia, otros por conveniencia y otros más por diversión. Y no todos mienten frente a todos.

La sociedad se ha polarizado a tal grado que pareciera no existir una paleta inmensa de colores y que las opciones son, simplemente, blanco o negro. Pero nadie es completamente bueno ni completamente malo, todos actuamos de acuerdo a nuestro contexto; las banderas radicales son instrumento absurdo en sistemas en constante evolución como el nuestro.

No nos engañemos: la sororidad pura no existe, siempre entrarán en juego factores de empatía, pactos y agendas personales. Una mujer no defiende a otra simplemente por ser mujer, por la misma razón de que, en los hechos, un hombre no defiende a otro sólo porque es hombre, todo se hace en función de las circunstancias.

Expectativa: sororidad para “combatir al patriarcado”; realidad: las mujeres no nos tratamos como hermanas si de por medio no existe afecto, si no identificamos una experiencia con la propia, una tragedia con nuestros temores. Y no: tampoco existe la solidaridad incondicional entre hombres, por las mismas razones.

¿Debería existir la hermandad entre mujeres? Por supuesto, como debería existir entre hombres pero, sobre todo, entre mujeres y hombres en un entorno de respeto, de cordialidad, de simple humanidad. ¿Existe?, la respuesta es: no; ¿es triste?, la respuesta es: sí.

Autor: Alma Santillán

Pachuqueña. Cuenta con un título universitario que sólo menciona cuando es necesario. Escribe por gusto y sin fines de lucro, aunque si en el camino sucede, qué le vamos a hacer. Le gustan los gatos, pero por el momento tiene un perro.



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