¿Y ahora?

BARCO A LA DERIVA. Tras lo sucedido en Culiacán, los mexicanos ya no sabemos si este barco tiene capitán o si pronto podremos salir de la tormenta en que nos encontramos.

Después de lo que pasó en Culiacán, Sinaloa, queda un sentimiento de desamparo, soledad, enorme tristeza, decepción y amargura, porque nos sentimos en un barco que da la impresión de no tener rumbo ni capitán que fije destino y que avanza con un equipo de trabajo sin la capacidad ni preparación para las responsabilidades que le corresponden, que actúa por ocurrencias, sin planeación ni estrategia.

Pero lo que se daña más es la esperanza de millones de mexicanos que le apostaron a AMLO porque significaba una puerta a mejores días, sobre todo en seguridad, un tema que dolía por la grave situación que se vivía.

La liberación de Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, en un operativo fallido que obligó al presidente a tomar esa decisión, deja ver que la seguridad del país está en manos novatas, que no tienen el sentido real del problema.

AMLO pudo haber tomado una buena medida -como él mismo dice- para evitar una masacre en que saliera perdiendo el pueblo, pero lo lamentable es que, si las cosas hubieran estado bien hechas, no se habría presentado el escenario trampa en que pusieron al jefe de la Nación.

La imagen que queda es que los criminales humillaron al gobierno, que ellos tienen mejor organización y capacidad que el gobierno de la República y que estamos en manos de ineptos. Tan es verdad esto que el mismo secretario de la Defensa, Luis Crescencio Sandoval, dijo que se actuó de manera precipitada, con deficiente planeación y falta de previsión. Traducido en juicios, esto quiere decir que AMLO no tiene colaboradores capaces, sobre todo en un tema tan delicado como es la seguridad, y que urgen cambios que den entrada a gente capacitada para no exponer más al país.

Es hora de solidaridad en torno al presidente, porque sin unidad las cosas empeorarán, pero también es hora de reflexión de los que tienen en sus manos el ejercicio del poder, para tomar medidas fuertes sobre todo en cuanto al equipo que los rodea.

El triunfo de AMLO, provocado en mucho como respuesta a un gobierno que cobijó y permitió la presencia de funcionarios corruptos y abusivos, por desgracia dio entrada a grupos y personajes que han resultado lastres y muros contra la política presidencial y en otros casos decisiones que le dieron alas a verdaderos alacranes.

En nuestro estado para nadie pasa inadvertido el hecho de que un grupo político con el disfraz de morenistas, porque no lo son, se apoderaron de este partido ante la tibieza de sus dueños para usar el Poder Legislativo para su beneficio y su política de odio contra el gobierno estatal.

El partido del presidente, que él creó, no le ayuda y sólo empeora todo por la voracidad con la que pelean el pastel del poder, acrecentada por el proceso de elección de dirigencia, que ha servido para mostrarnos en paños menores las miserias de Morena.

Su presidenta nacional, Yeidckol Polevnsky, es una rueda de molino que hunde más a Morena por actitudes lamentables como su última gracia, en que le niega el derecho a los mexicanos que no piensan como AMLO a criticar con la amenaza de “nosotros se lo vamos a impedir”.

¿Sabrá la señora el significado de lo que dijo?, porque en el fondo una crítica es la expresión razonada en contra de alguien o algo, pues para el que critica no tiene sentido y visto así no es más que el derecho de todos a razonar, a pensar, a ejercer lo que nos hace seres humanos, que es la posibilidad de elegir lo que consideramos que es bueno o malo y expresarlo con juicios que pueden ser críticas o aprobación del tema en cuestión.

Que en este ejercicio puede haber buena o mala fe, es evidente, pero es el derecho que tiene el ser humano para pensar y expresar ese pensamiento con la posibilidad de que otros seres humanos lo contradigan, pero siempre con la libertad de hacerlo.

Lamentable lo dicho por la presidenta de Morena y pobre el favor que le hace al presidente. Pero esta conducta, los abusos e intentos de imposición, son una constante de algunos morenos y ni se diga de los que se agandallaron puestos de poder, como sucede en Hidalgo con los del Grupo Universidad, ante la pasividad de los morenos de verdad, que ya les vieron la cara una vez y todo indica que se la pueden ver otra vez.

Pero lo que más parece doler es que con el caso Sinaloa se pierde la esperanza de que todo cambiaría y se sigue perdiendo ante la carencia de proyecto y estrategia y la presencia de ineptos y abusivos en puestos claves, que en nombre del ganador hacen de las suyas.

Cuando un pueblo pierde la esperanza, el horizonte se pinta de negro; bien se dice: “lo último que se pierde es la esperanza”… y parece que ya está pasando.

Autor: Adalberto Peralta Sánchez

Nací el 11 de mayo de 1946 en un pueblito que tiene una laguna con patos y un parque con bancas con el nombre grabado del donante. Una de esas bancas tiene el nombre de mi padre. Estudié Filosofía y ejerzo el periodismo desde hace varios años. Colaborar con mi hijo en EFFETÁ me llena de orgullo. Trataré de hacerlo bien.



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