De grilla y morbo están llenos los partidos

En general, los partidos políticos son agencias de colocación que premian la subordinación y sumisión porque éstas hacen ganar elecciones.

En julio de 2019, el escritor Paco Ignacio Taibo II acusó a Morena de haberse convertido en un partido “busca-chambas” y lo acusó de “blandengue, burocrático y electoralista”. Todos esos calificativos llevaban implícito el reconocimiento de que dejó de ser un movimiento para ser, simple y llanamente, otro partido.

En general, esa es la realidad de los partidos políticos: son agencias de colocación que premian la subordinación y sumisión porque éstas hacen ganar elecciones. Para un militante, su libertad está condicionada y sus “ideales” dependen de si sirven para ganar o no una elección.

Algunas veces esos militantes ganan una candidatura, pero por lo regular, la agenda o el rumbo lo determinan en una cúpula que desprecia la democracia y se refugia en los recovecos de la legalidad.

Esta situación es uno de los tantos factores que han llevado a la población a despreciar los asuntos políticos. Allá, en la marginalidad, están los temas que a la población le importan; allá, en lo oscurito, están las quejas clamando por un poco de luz.

En cambio, los busca-chambas están alertas, cuidando que nadie amenace su lugar en la lista o a su “líder” colocador. Y están bien armados porque si hay algo que ellos tienen, es boca y dedos para escribir cuanta sandez se les ocurra; son los prosélitos de la grilla y del morbo.

Todo esto abona al desprecio de la política y a la polarización de las expresiones. Lo que es peor, todo esto amenaza a la democracia y entierra el valor de su sustancia. 

En una democracia representativa como la nuestra, los grilleros y morbosos quieren crear polémica porque se creen titiriteros, creen que de sus bocas depende el actuar de sus políticos.

Los hay quienes no tienen militancia, pero les sobra la grilla y el morbo que no es más que un grito desesperado de frustración; son los que hacen y deshacen castillos en el aire.

Por fortuna, hay un sector que puede cambiar el rumbo. No viven de la política, pero están al pendiente de los asuntos públicos. No buscan una chamba, ni buscan el odio, pero quieren poner a prueba al régimen de los políticos y de los grilleros.

Poco les importa el clamor de la víscera del pueblo. Ellos, lo que buscan y quieren son resultados, bajo el nombre que sea. Son los que están dispuestos al debate, los que quieren ver sufrir a aquellos que solo sepan defender las causas a gritos porque de ellos es el reino de la mediocridad.

Su aspiración más elevada es poder decir con humildad: “lo hice”, sin monumentos, sin premios, sin señalamientos porque esos solitos la historia los dará. Si no los da, ni modo, tampoco es que deba darlos. La democracia debe funcionar para todos y el mérito no debe ser motivo de tiranía.

Autor: Leonardo Flores Solís

Abogado de profesión y activista por vocación. Soy producto de la justicia social. Maestro en Derecho por la UNAM y licenciado en Derecho por la UAEH. Soy más puma que garza.


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