Donald Trump, un presidente desequilibrado que mantiene en vilo al mundo

Nancy Pelosi anunció que se había reunido con el ejército estadounidense para asegurar que Trump, a quien calificó de desequilibrado, no pudiera utilizar códigos nucleares.

La violencia y el caos estalló en Estados Unidos el miércoles pasado. El país que promovió golpes de Estado alrededor del mundo, que infiltró a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en diversos movimientos sociales para lograr sus fines y que cuestionó la limpieza de las elecciones en varias naciones, hoy se encuentra hundido en un caos en la víspera de la sucesión del gobierno del presidente Donald Trump, quien calificó de fraudulentas las elecciones en su propio país y convocó a sus seguidores a tomar las instalaciones del Congreso para impedir la ratificación del demócrata Joe Biden como presidente electo.

Aunque era previsible que Trump recurriera a algún recurso de último momento, nadie imaginó que sus acciones lo llevarían a convertir a su país en una “república bananera”, dirigiendo a sus seguidores a invadir el Congreso, acción que dejó atónitos a millones de personas alrededor del mundo, que se preguntaban si aquellas imágenes serían de la Rumanía de hace 30 años, cuando la muchedumbre se abalanzó sobre el palacio de Nicolae Ceaușescu, o bien, de Guatemala, Ecuador, Perú, Sudán, Túnez, Egipto o Venezuela.

 

¿Quiénes son los manifestantes pro-Trump que invadieron el Capitolio?

No es difícil adivinar el perfil de quienes irrumpieron en el Congreso de Estados Unidos: conspiradores, supremacistas blancos, militantes (por el porte de armas) o incluso veteranos del ejército estadounidense, los “Proud Boys” que han participado en protestas en apoyo a Trump, los que la prensa estadounidense llama “la mafia”, la multitud, los amotinados, los revoltosos, los insurrectos… todos activistas pro-Trump que respondieron el llamado del todavía presidente para recuperar los votos presuntamente robados en las elecciones.

Pero Trump también contó con el apoyo de diferentes grupos y movimientos políticos de derecha estadounidenses, como Qanon, los Proud Boys, e incluso organizaciones neonazis. Participaron personas que provienen de orígenes muy diferentes y que no son necesariamente representativas del electorado de Donald Trump, pero los une el odio a las élites y la democracia, a los inmigrantes, a los mexicanos, a los afrodescendientes y asiáticos; activistas de extrema derecha seducidos por todos los rumores que pueden avivar su odio y sueñan con una sociedad con un hombre fuerte en el poder.

Pese a los disturbios provocados por Trump en Washington, al final, en un gesto democrático, el Congreso de Estados Unidos certificó los resultados de las elecciones presidenciales la madrugada del jueves pasado. En lugar de aglutinar a sus seguidores, Trump perdió el apoyo de muchos republicanos y Joe Biden lo acusó de haber desatado un asalto despiadado contra las instituciones democráticas estadounidenses  y de promover un golpe de Estado.

Después del caos provocado por Trump, el jueves demócratas y republicanos aplaudían el regreso al orden en el Congreso, mientras otros pedían la cabeza del presidente. Los estadounidenses, que se habían erigido en certificadores de procesos electorales alrededor del mundo, en “validadores” de la democracia, hoy están consternados entre la ira, el asombro y el terror, después de ver de lo que son capaces los seguidores de Trump, que bien podría llevar a su país a una guerra civil o una guerra mundial. 

Hoy todos se preguntan por qué ni la policía desplegada, ni los guardias de seguridad, ni los agentes del FBI y la CIA, fueron capaces de detener a las turbas de Trump, quienes mostraron su fuerza y se burlaron de una clase política asustada, acostumbrada a ver por televisión ese tipo de protestas y sublevaciones, pero nunca a ser víctima de ellas, las cuales dejaron cuatro muertos, entre ellos una mujer y un exsoldado que luchó en Afganistán e Irak.

 

 “Fue uno de los días más oscuros de nuestra historia”: Biden

Consternado, el presidente electo señaló al referirse a los hechos: “Fue, ante mis ojos, uno de los días más oscuros de nuestra historia”. Y no se equivocó, todos vimos cómo en unos instantes se desmoronaba la imperfecta y endeble democracia estadounidense, basada en elecciones indirectas que marginan la decisión de la mayoría de los ciudadanos y privilegia los votos de los distritos electorales por Estado.

Aunque Donald Trump finalmente, en un comunicado, se comprometió a asegurar una transición ordenada del poder a Joe Biden, nadie está seguro de que será así. La violencia en el Capitolio no puede concluir con una declaración de prensa de Trump que no reconoce aún su derrota y acusa al sistema de haberle robado la elección; los demócratas temen alguna locura del presidente, incluso de que sea capaz de desatar una guerra mundial, es por esa razón que están tentados a empujar a Trump hacia una salida anticipada antes del 20 de enero, fecha en que deberá asumir el gobierno Joe Biden.

Nancy Pelosi, líder de los demócratas en el Congreso, habló con el jefe de gabinete de Estados Unidos, Mark Milley, bajo el argumento de evitar que un presidente inestable inicie hostilidades militares u ordene un ataque nuclear. Mientras la mayoría de los representantes demócratas quieren llevar al patíbulo a Donald Trump, manifestando su preocupación por lo que aún podría hacer, Nancy Pelosi anunció el viernes que se había reunido con el ejército estadounidense para asegurar que Trump, a quien calificó de desequilibrado, no pudiera utilizar códigos nucleares. Lo cierto es que el mundo está atento a lo que pueda pasar en Estados Unidos y la mayoría de la opinión pública internacional apuesta por su destitución.

Autor: José Luis Ortiz Santillán

Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.


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