El equilibrio de Avelino

Avelino funciona como una especie de enlace legislativo: marca diferencias en ciertos asuntos, acompaña en otros y evita que la relación se desgaste por cada desacuerdo. Podría no ser una posición espectacular, pero es bastante útil.

En un Congreso como el hidalguense, donde la mayoría de Morena tiene la fuerza suficiente para marcar la agenda, la posición de los partidos parcialmente aliados suele ser complicada. Avelino Tovar, diputado del Partido Verde, parece haber encontrado hasta ahora el punto medio entre defender los temas que identifican a su partido, incluso cuando no cuentan con el entusiasmo de la mayoría, sin convertir cada desacuerdo en un pleito político.

Su agenda ha sido bastante clara, particularmente en materia ambiental y de protección animal. Ahí están su insistencia en reconocer a los animales como seres sintientes, su postura frente a la tauromaquia o sus llamados para que el medio ambiente reciba mayores recursos. Estos son temas que pueden generar simpatías pero también resistencias, porque no siempre coinciden con intereses económicos o tradiciones arraigadas, pero lo relevante es que Tovar no parece haberlos abandonado a pesar de algunas resistencias.

El caso de la tauromaquia permite ver mejor ese equilibrio, porque mientras el tema se fue complicando dentro y fuera del Congreso, Avelino mantuvo una postura congruente con las convicciones del Verde, planteando incluso alternativas para transitar hacia espectáculos sin la muerte de los animales y opciones para quienes dependen económicamente de esa actividad. Se puede coincidir o no con su propuesta, pero al menos existe una posición identificable y un intento de llevar la discusión más allá del simple enfrentamiento entre prohibir todo o dejar todo como está.

Eso no significa que su actuación esté libre de cálculo político, porque ningún diputado trabaja fuera de él. El Verde necesita conservar una identidad propia frente a Morena y, al mismo tiempo, mantener abiertos los canales de negociación con una mayoría de la que depende para convertir algunas de sus propuestas en realidad. En ese juego, Avelino funciona como una especie de enlace legislativo: marca diferencias en ciertos asuntos, acompaña en otros y evita que la relación se desgaste por cada desacuerdo. Podría no ser una posición espectacular, pero es bastante útil.

Habrá que ver qué viene después para un político joven que ha logrado construir una voz propia sin hacer demasiado ruido. Su futuro dependerá de los resultados de su trabajo, de las decisiones del Verde y del lugar que ocupe su partido rumbo a 2027, pero por ahora su perfil deja la reflexión de que en política, defender convicciones no obliga a vivir en una confrontación permanente.