El Partido Verde en Hidalgo se está moviendo rumbo al 2027 como si una alianza con Morena tuviera el mismo lugar que en 2024: ninguno. Eso cambia la lectura política e, incluso, su posición en la mesa. Pareciera que intenta crecer lo suficiente para, en su caso, sentarse a negociar en mejores condiciones o, llegado el caso, volver a competir por su cuenta.
La ruta más clara empezó desde septiembre del año pasado, cuando el Verde ya hablaba de nuevo de competir en solitario si era necesario. Presumía más de 23 mil afiliados, cuatro municipios gobernados, segundos lugares en otros y más de 150 mil votos en 2024. También se planteaba como objetivo convertirse en la segunda fuerza política del estado para 2027. Es decir, el Verde no quería ser acompañante, buscaba incluso ser factor.
Después vino una señal política todavía más clara: la suma de Benjamín Rico, un perfil que no llega desde la marginalidad, sino desde una historia política priista y con presencia en Hidalgo. Su incorporación no convierte automáticamente al Verde en una potencia electoral, pero sí confirma una estrategia: abrir la puerta a cuadros con estructura, nombre y territorio. El Verde sabe que para crecer no le basta con un discurso ambiental a veces cuestionado, ni con buenas intenciones; necesita operadores, perfiles reconocibles y presencia municipal.
A eso se suma la revisión de estructuras distritales, la meta de llegar al 16 por ciento de la votación en 2027 y el lanzamiento de estrategias nacionales como “Guardianes Verdes”. Visto en conjunto, no parece una ocurrencia aislada, sino una construcción territorial con calendario, con narrativa y con la idea clara de llegar al 2027 con más peso del que tuvo en 2024.
La pregunta es qué significa esto para Morena. Porque el Verde, al menos a nivel nacional, forma parte de la 4T, pero en Hidalgo parece estar entendiendo que ser aliado nacional no lo obliga en lo local. Y ahí está lo interesante. Si calcula mal puede terminar dispersando votos en municipios donde la competencia se cierre. Y es que en política, la autonomía luce bien hasta que llega la hora de contar votos.
El Verde estará pronto ante una disyuntiva muy clara: demostrar que su crecimiento es real o quedarse en la emoción de sentirse más fuerte. Puede ser pragmatismo, puede ser cálculo o puede ser simple supervivencia política bien administrada. Lo cierto es que en Hidalgo ya no parece actuar para que Morena le haga espacio, sino para que quiera tomarlo en cuenta y esa diferencia, aunque parezca pequeña, puede mover más de una candidatura cuando llegue el momento de repartir el tablero.





